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martes, 15 de marzo de 2011

Derechos, No Privilegios (2)

Albaida se resiste a la llamada. Una densa nube oscura se ha instalado en su alma. No quiere moverse. No quiere respirar. Tan sólo quiere quedarse donde estaba. Ese sinsentido, que a veces la embarga, de falta de importancia de todo lo que hace, de todo lo que escribe, la deja inánime y sin vida.
Desearía, piensa, desearía escribir algo que fuera realmente significativo... Pero no hay nada, suspira, que pueda llegar a serlo. Por mucho que escriba, por muy importantes que sean sus palabras, serán como humo y espejos frente a su tremenda ambición, una ambición que la devora y le arrebata la alegría de vivir.
Así las cosas, se arrastra por las calles de Córdoba, sin grandes expectativas. Una nueva voz a la que alimentar. Más de lo mismo.

En la plaza del ayuntamiento se ha instalado una tribuna. Ya están allí todas, sentadas en sillas de madera. Sólo Rosa está un poco alejada, apoyada en el borde del pozo, con la mirada perdida en el fondo oscuro.
La recién llegada sube a la tribuna. Lleva un pantalón negro ceñido, de tela elástica y una camisa roja cruzada sobre el pecho y atada con un cinto negro. Su pelo, largo y oscuro, está recogido en la espalda con una trenza. Algunos mechones rebeldes sobresalen por los bordes.
Albaida prepara la grabadora. Al menos lo que sabe hacer, lo hará bien, aunque no sirva de nada. Nada sirve de nada...
Un cálido y húmedo viento se alza desde el este.
Arenal suspira en su asiento de plata. Al fín estás aquí, susurra, bienvenida seas, primavera.

martes, 8 de marzo de 2011

Cómo escribir una novela

Lo bueno de un blog es que es un medio inmediato, un lugar donde escribes lo que te parece y alguien, por arte de magia, te lee. Albaida, con los pies aún mojados después de la gran inundación, se esfuerza en su habitación por volver a retomar la pluma y los ordenadores. Es difícil para una escritora como ella, que tantas servidumbres tiene con Noreña o con Fidiana, dar a luz palabras que surgan de la pura poesía del momento, de ideas ficticias que no tengan relación unas con otras.
Albaida tuvo que enfrentar hace algunos meses un reto terrible, escribir ensayos filosóficos en otro idioma. Las dificultades que uno tiene al escribir en el propio idioma se multiplican cuando se manifiestan en otra lengua. Uno piensa que tiene todas las herramientas, pero aquellas que dominabas se demuestran vacías y faltas de reflexión, y las que estaban faltas de todo contenido son absolutamente inservibles. Fue en ese momento cuando Albaida buscó ayuda, en internet claro, y encontró una obra increíble, un libro que la está cambiando. Un libro que va leyendo poco a poco, cada día, avanzando mientras practica. Se llama Writing with Power. Un libro que al parecer ha ayudado a generaciones de americanos a desarrollar una escritura creativa, con las técnicas que su autor, Peter Elbow, desarrolló en sus clases de escritura y en su propia labor.
Noreña se está beneficiando ampliamente de estas técnicas, y Fidiana anhela el día en que sus visiones iluminadas continúen el ascenso hacia la montaña de la unificación, pero Albaida tiene otros planes. Una historia la ha dejado preñada de ideas que desean convertirse en palabras. Y quiere empezar aquí, en esta ciudad, en la Ciudad de Córdoba que habita entre sus lectores. Por eso se acerca al ordenador y elige un nuevo diseño, un diseño de hermosa luz, el telón cerrado de un teatro. Porque estas letras son sólo lo que se desarrolla tras las bambalinas. Pronto, algún día, si Albaida tiene la paciencia y las ganas, sus palabras pasarán por una fase leonina de revisión, y volverán a brillar, ahora sí, con el telón abierto. Pero ahora es sólo el inicio, y Peter Elbow abraza el caos como una forma de creación. Una fase de caos, de escritura sin revisión, de permitirse errores de todo tipo, de dejar que las palabras digan lo que desean decir, aunque parezcan inapropiadas. Otra fase de revisión, cuando ya está todo dicho o pensado, cuando el caos ha llegado tan lejos que Ítaca queda sólo como un recuerdo.
La técnica básica que propone es escribir un párrafo sobre un tema, sin pensar mucho, dejar que sea la propia escritura que te muestre lo que quieres decir. Hablar durante 15 o 20 minutos, el tiempo que te permita escribir de corrido sin detenerte, y luego leer lo escrito, y luego resumir en una frase lo que se ha escrito.
Y empezar de nuevo.
Con la idea que quieres describir con mayor profundidad, con las cosas que han quedado en el tintero. Con algo que no tiene nada que ver con lo anterior.
Y dejar que sea la propia escritura la que te guíe, sin método, sin lugar a dónde ir, abriéndote a un vasto espacio terrible donde todo es posible.
Da miedo, y Albaida ha pasado semanas aterrorizada, mientras se deslizaba tambaleante por las palabras filosóficas de Noreña, intentando hacerse con esa sensación de vertigo en la boca del estómago, que le decía que no siguiera adelante, que todo esto no tenía ningún sentido, que la palabra debe ser ordenada y precisa.
Pero no tiene bastante, quiere hacer algo para sí misma, quiere realizar la tarea de todo escritor, crear mundos donde habitan otros seres que se asoman al nuestro a través de la tinta digital.
Quizá, después de todo, Albaida necesite sentir que todo lo que hace tiene algún sentido, que los mundos que soñaba en cada libro que leyó cuando niña están al alcance de sus bien entrenados dedos.
Porque Albaida, que ha publicado libros infantiles, que ha escrito ensayos y reseñas filosóficas, que ha llevado un blog durante muchos meses, sigue esforzándose por ser aquello que podría llegar a ser, una Buena Escritora.

martes, 8 de junio de 2010

Magdalena en el castillo

A veces nada de lo que nos rodea parece real. A veces la realidad queda atrapada en cuentos e historias. Cuando la ciudad de Córdoba, en bloque, se mudó a la Bretaña, a la grande, se invirtieron todos los fondos de la ciudad en el barrio de Noreña. La filosofía se convirtió en la mayor fuente de alegría y vitalidad de toda la zona. Los bardos cantaban alabanzas a los intentos de fundamentación de la realidad y las discusiones filosóficas sustituyeron a los canciones en todas las esquinas. Pero no todos reían y se felicitaban, además en inglés. Algunos se sentían excluidos, malpagados y esclavizados, en esa repentina furia filosófica extranjera que amenazaba con acabar con la imaginación en todo el territorio.
La culpa fue de Magdalena, se puso enferma, cómo no. Y desde su barrio se extendió una pestilencia, una sombra amenazante que fue quitando alegría y vitalidad al resto de la ciudad. Incluso Noreña se sintió amenazada, en su pequeño pedestal filosófico, intentando defenderse. Para acallar los lamentos, se decidió que se proyectaría una película, a ver si los habitantes dejaban de quejarse y evitaban que la pena de Magdalena se extendiera a todos los estamentos de la ciudad.
No se sabe quién eligió la película, pero sospechamos que fue Rosa, que desde su flor de loto en el centro del la ciudad, en el estanque situado frente al ayuntamiento, inspiró con su divinidad a todos los durmientes.
La película elegida fue "Donde viven los monstruos".

Nadie imaginaba el efecto que esta proyección tendría en sus barrios y habitantes. La pena de Magdalena se acrecentó, y los lamentos se escucharon más allá del atlántico y llegaron hasta el Mediterraneo.
Pero incluso el dolor más grande no dura, y por motivos ahora inexpresables, Albaida decidió volver a escribir, escribir un cuento que expresara lo que hasta ahora no se había atrevido a poner en palabras. El oscuro pozo de odio que se escondía bajo las calles de la aparentemente próspera y feliz ciudad, Córboda.
Y le puso nombre: "Magdalena en el castillo"

miércoles, 31 de marzo de 2010

Pequeños detalles.

Suponemos que Noreña está, justo en el momento en que esta entrada se publica en el blog, cogiendo un avión. Lo suponemos porque muchas cosas pueden aún pasar entre que Albaida escribe esta entrada y Noreña llega al avión.

Hace una semana estaba claro que iría. Luego se puso enferma y estuvo convaleciente varios días. Temió no poder llegar. Ahora está mejor y, parece, ha conseguido coger el avión. Gracias a Azahara, ha podido arreglar los pequeños detalles. Cosas como dónde dejar el coche durante los tres meses que estará fuera. Podría habérselo llevado pero teme acostumbrarse a conducir por la izquierda y luego... tener un problema cuando se confíe. Pequeños detalles como dar de baja la ADSL temporalmente, ponerle la primera dosis de la nueva caja de la vacuna a Magdalena a ver si se cura del asma de una vez. Esa es buena, la de la vacuna. Después de varias opciones  ha decidido dejarla en la maleta grande, facturarla, para evitar que le impidan llevar el hielo para mantenerla en frío por aquello de los controles del aeropuerto.
Aparte de las pequeñas gestiones en su trabajo. Pedir tiempo sin sueldo, comunicárselo a todos los que deben saberlo, hacer la matrícula por correo e internet, gestionando cada pequeño detalle. La beca que no sabe si cobrará hasta después de haberse gastado el viaje. Pequeños detalles.
Pero, si todo ha salido bien, a esta hora Noreña está tomando un avión. Va con una noche de hotel reservada. Más allá de eso no sabe dónde vivirá. Pero algo le dice que no necesita dos noches, que hay una habitación en algún lado esperándola. Intentó encontrarla por Internet, pero era imposible. Muchas páginas con ofertas, pero tenías que registrarte, pagar, antes de saber si alguna te venía bien o estaba disponible. Y para qué, para que la alquilen antes de que pueda verla. Tendrá que elegir cuando esté allí, cuando husmee el ambiente.
Mientras esté fuera no sabe cómo estarán las conexiones inalámbricas. No se imagina una ciudad universitaria sin Internet, y mucho menos un piso de estudiantes, pero no sabe hasta qué punto estará cansada para aparecer por su blog, así que deja que Albaida ponga un aviso:

AVISO PARA NAVEGANTES. ESPERO VOLVER POR AQUÍ EN UN PAR DE DÍAS PERO, POR SI ACASO, NO ESPEREN LEVANTADOS. MIENTRAS TANTO...

DISCULPEN POR LAS MOLESTIAS OCASIONADAS

domingo, 28 de marzo de 2010

Sueños febriles, una llave y 1001.


Albaida intenta dormir pero no se encuentra bien. Tiene un dolor agudo en el vientre y un poco de fiebre. No sabe qué le pasa y se remueve, inquieta, bajo el edredón nórdico. Los minutos pasan, despacio, pero el sueño no llega. Tiene que trabajar al día siguiente pero no puede descansar. Mira el reloj, las doce y media. No pasa el tiempo o pasa demasiado rápido. Piensa que debería tomar algo, pero está cansada para levantarse. Se da media vuelta y se encoge sobre sí misma. Le duele. Los minutos pasan. Entra en un estado de duermevela y, de pronto, despierta. Vuelve a mirar el reloj. La una. Y siente una oleada de gratitud en su piel. Se levanta antes de pensarlo siquiera y recoge el portátil. Con él encendiéndose se mete en la cama, con la luz apagada, y lo enciende. Hay algo para ella. Mira en su blog, el blog en el que comenzó a escribir hace unos meses, donde volvió a vivir después de años sin escribir ni publicar. No hay ningún comentario nuevo. Se extraña. Tenía la sensación de que había algo para ella. Entonces lo ve. Ve un nuevo post de Escarcha y lo sigue, buceando en el mar de las conexiones inalámbricas, hasta el blog.

http://elblogdeescarcha.blogspot.com/2010/03/la-llave.html

Una lágrima se escapa de sus ojos. Albaida se emociona con facilidad. Recoge su regalo y cierra el ordenador. Vuelve a la cama. Entra en una duermevela. El dolor sigue ahí, pero atenuado por la emoción extraña.

Noreña ha alquilado, al fin, un apartamento en Inglaterra. Está colocando sus cosas cuando una llave se introduce en la cerradura. Ella grita, éste es mi apartamento, lo he alquilado. Piensa que quizá sea el de la inmobiliaria. Es una pareja mayor. La miran y protestan. Este apartamento es nuestro. No queríamos alquilarlo. Queríamos venderlo. Ha debido haber un error en la inmobiliaria. Pero ahora, protesta Noreña, es mío. Tengo un contrato. Fuera de mi casa. Y les cierra la puerta en las narices. Pero ya no está tranquila.


Despierta, da una vuelta en la cama, el dolor es más agudo. Está sudando. No tiene tiempo de mirar el reloj antes de volver a quedarse dormida.

La cerradura se vuelve a mover. Esta vez es un chico joven. El hijo de los dueños. Está agresivo y la ataca. Noreña lucha, pelea. Se esconde y logra golpearle. Ese muchacho va a por ella. Es un obstáculo para él que hay que eliminar. Pero Noreña consigue echarlo fuera y cerrar la puerta. Es en ese momento cuando descubre que la puerta tiene otra cerradura que estaba escondida. Una cerradura que necesita una llave antigua. Extrañamente, en la llave está escrita la palabra Felicidad y tiene un cartelito de tonos rosados. Noreña introduce la llave en la otra cerradura, la gira y la deja puesta. Ahora nadie podrá abrirla.


Albaida duerme tranquila. Su respiración se hace regular y el dolor ya no la molesta. Unos días después volverá a su blog y encontrará 1001 visitas. Se siente profundamente agradecida por todos los que están haciendo posible que ella vuelva a vivir después de tanto tiempo. No imaginaba que esto pudiera ser tan gratificante. Así que dedica este post...

A TODOS VOSOTROS.


Imagen: Escarcha sobre un premio de Meme.

miércoles, 10 de febrero de 2010

I miss you

Albaida observa el blog y sabe que debería escribir. Las palabras de Malena, con un pequeño saludo cada semana, los deseos de Musaraña de volver a sentirla por su blog, la conmueven.
Albaida está intentando conciliar los deseos de todas las otras mujeres que viven en esta ciudad, pero, sobre todo, trata de aprender inglés. Lleva días viendo la tele en la TDT en ese idioma, escuchando a Sponge Bob hablando con Patrick, y tratando de hacer ejercicios de gramática inglesa que ya debería haber aprendido hace años, pero ha olvidado y vuelto a retomar durante muchas, muchas vidas.
Albaida sabe hablar inglés, pero ha olvidado casi todo el vocabulario y comete unos errores garrafales cuando escribe. Confunde los tiempos verbales, las preposiciones, todo. Y ahora necesita hablarlo, necesita escribirlo. Noreña se ha empeñado en hacer una tesis doctoral en inglés, y será ella quien la escriba, quien la ponga en palabras, y no sabe, no tiene las herramientas necesarias, y en menos de un mes viajarán lejos, muy lejos, y se supone que ya sabe, y quizá tenga que hacer un examen para demostrarlo.
No puede escribir.

miércoles, 6 de enero de 2010

Autobiografía

Albaida tiene 35 años, pronto cumplirá los 36. Su aspecto es el de una mujer más joven. Cada vez más de una edad indefinida. Se puede decir que es escritora, aunque lleva un tiempo sin escribir nada. Tiene dos novelas paradas, novelas para jóvenes, una de fantasía y otra de ciencia ficción, aunque ambos temas tienen, sobre todo, magia.
Albaida quiere escribir su autobiografía, pero le cuesta, porque en ella habitan muchas personas diferentes, cada una con su propia historia. A menudo cuenta los años que ha tardado en hacer cada cosa, los años que ha vivido en cada ciudad, y no le salen las cuentas. De alguna forma, en cada una de las mujeres que la habitan, existen miles de acontecimientos que no han podido convivir en el tiempo. Y, sin embargo, lo han hecho.
Cuando su mejor amiga le dijo que iba a empezar un blog, Albaida decidió que ya era hora de intentarlo. Intentar poner en palabras lo que tanto le ha tocado vivir.
Cuando era niña los cuentos desaparecían, así que en algún momento decidió que si vivía esos cuentos, si trazaba en su memoria cada una de las historias, viviéndolas con la suficiente intensidad, no podrían desaparecer, ya que estarían grabados con su sangre. Ahora ha llegado el momento de contarlos, porque ya nadie puede arrebatárselos. Ya no.
Albaida ha tenido muchos nombres antes de ahora, pero quiere uno nuevo. Un nombre que pueda expresar lo que quiere contar. Mira a su alrededor, en el despacho de su piso alquilado hace sólo un par de meses. En la pared hay dos pósters, un mapa comercial y un dibujo. Los dos de Córdoba.
Córdoba, piensa, ese será mi nombre.
Y abre el blog, y escribe que quiere escribir, y se da cuenta de que no puede contar de forma lineal lo que ha ocurrido en tiempos simultáneos. Cada historia se cruza con las demás, pero tienen lineas diversas. Y busca en Google los barrios de Córdoba, y elige doce nombres. Doce nombres femeninos para doce historias. Doce barrios para una sola ciudad en la que Albaida, lo sabe bien, se ha convertido hace mucho tiempo. Algo tan sólido que no se puede perder. Sólo hacen falta ganas de perderse en sus calles para conocerla.
Bienvenida seas, tú que lees.