jueves, 11 de noviembre de 2010

El Puzle

Azahara pasa cada día, cada momento en que no está trabajando o hablando con su familia, estudiando. Cada página que pasa del temario, cada momento que pasa, está lleno de subrayados, conceptos y relaciones entre ellos. Luego hace tests, y se encuentra dudando entre varias opciones. Intentando aplicar respuestas que se parecen cuando sólo hay una correcta.

Por las noches, el temario crece. Páginas que había estudiado cambian su contenido. Algunas crecen a cada rato, y cuando vuelve a sentarse a su mesa hay cosas, temas que ya había estudiado, que tienen largas páginas en blanco, donde nunca ha posado su vista.

Azahara no se desanima. Sabe que no es un temario fácil de domar. A veces lo ve como un puzle inmenso, infinito en realidad. Ha conseguido, a estas alturas, separar las piezas en montoncitos. Las piezas de los bordes del puzle están en su mente en un montón de conocimientos. Las piezas de cada tema se encuentras por colores, el cielo, la hierba, la parte que debe corresponder al vestido. Pero aún no sabe dónde va cada pieza, y cada vez que rellena un test se encuentra mentalmente rellenando cada hueco con varias piezas que podrían ir ahí, pero que podrían no ir.
Necesita más tiempo, sabe que no podrá completar el puzle, pero intentará tener la mayor parte para la fecha del examen.
Mientras tanto en toda Córdoba se escucha música medieval. Rosa la observa atentamente e intenta no interferir, demasiado, en el camino de su pupila. Extraña, práctica, pedestre y celestial Azahara.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Fidiana observa atentamente el Monte Carmelo y anhela seguir el ascenso. Hasta este día, en las pasadas semanas, algo ha ocurrido en su interior. Su sentido del yo se ha vuelto difuso y confuso. El vaso que la contenía se ha roto en mil pedazos bajo la presión de las aguas del inconsciente colectivo. Quizá esto sea lo que San Juan llama la segunda noche. Lo sospecha, pero tiene que confirmarlo.

Azahara, mientras tanto, intenta centrarse en los estudios que la llevarán a ganar más dinero, a promocionar en su trabajo, pero los intereses de Fidiana la molestan, la estorban. Sabe que algún día su visión del mundo la ayudará, pero por el momento es sólo una piedra en el zapato. Anoche no pudo dormir porque Fidiana, como toda buena mística, andaba luchando contra sus propios demonios. Unos demonios particulares, venidos de muy lejos en el tiempo, pero muy presentes en nuestros días. Azahara se ha levantado agotada, incapaz de aprovechar el día para el estudio. Decide darle un ultimátum a Fidiana.


-Mira, niña. Sólo necesito un mes y medio. Un par de meses a lo sumo y luego estaré plenamente a tu servicio. O haces una pausa en todo lo que estás haciendo durante mes y medio o no te vuelvo a organizar los papeles y las cosas del mundo físico que tanto te cuestan. Tú eliges.

Fidiana, inmersa en ese estado donde la materia no es importante, nota la angustia de Azahara en su interior. La aprecia. Gracias a ella no anda pidiendo en la calle. Es la que se ocupa de las cosas prácticas, de tocar lo que su pureza no le permitiría tocar. Azahara le ha enseñado a Fidiana que su supuesta pureza no es más que una huida del mundo. Con su capacidad para utilizar los dones divinos para ganarse un puesto social, un lugar en el mundo físico, tener una buena casa, ocultar las cosas que no deben saberse por el bien de todos, Azahara ha convertido a Fidiana en una persona más humana, más proclive a dejarse permear por las cosas del mundo. En cierto modo, es la relación de Azahara con la vida la que ha provocado la ruptura del vaso que las contenía a todas, y el principio de una nueva forma de vida espiritual. Fidiana considera todas estas cosas y piensa, por otro lado, en sus amigas, en las habitantes de Córdoba cuyos escritos desea leer, en las experiencias que están compartiendo en una relación etérea pero muy tangible. Pero sabe que si Azahara no colabora, ella será incapaz de escribir nada, de abrir siquiera el ordenador. Azahara es la que tiene la sartén por el mango, como se suele decir. Y a menudo resulta ser mucho más sabia. Este pensamiento se cruza con la idea de Santa Teresa de Jesús de que Dios está entre los fogones y una sonrisa asoma a su rostro desvaído y taciturno.

-Bueno, qué- insiste Azahara.
-Vale, de acuerdo, lo haremos. Dejaré el blog hasta que salga el examen. Pero luego tienes que prometerme que me ayudarás a ponerme al día. Ya no puedo vivir sin mis nuevas amigas.
Azahara asiente y sale corriendo a buscar el libro, contenta de haberse quitado un obstáculo. No cree que Arenal se deje convencer tan fácilmente, pero lo intentará si llega el caso...
Fidiana mira su blog y las páginas que desearía leer y comentar de sus amigas. El Monte Carmelo la espera ahí delante. Está ya tan cerca... Un suspiro de resignación se escucha en toda la ciudad y busca una canción que exprese los sentimientos que la embargan, para regalarla a sus amigas.




Volveré.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Subida del Monte Carmelo X

Adonde me llevas, alma mía. Qué buscas que no te deja dormir por las noches. Qué es eso de lo que hablan los místicos. Dime por qué la luz brilla en tu interior, y después la noche se apodera de ti. Dime, alma, por qué no hablas pero te mueves en una dirección que me aterra, que me saca de lo conocido. Cómo pretendes que te siga. Cómo puedo confiar en ti si tantos problemas me has dado. Cómo esperas que te acompañe en un sendero que he transitado antes y que me llevó a lugares que me han destrozado en pedazos, que me han hundido en los lugares más inmundos de la raza humana, que han matado mi inocencia y acabado con mi esperanza.

Cómo esperas ese acto de fe, alma mía. No puedo hacerlo. Perdóname, pero tendrás que quedarte en casa, atada a la cama. No, no llores, mi cielo. No soporto oírte llorar. No puedo con esa mirada húmeda, con ese sueño imposible. Tú y yo sabemos que no se puede. Que lo que quieres no es de este mundo. Que es sólo el producto de tu imaginación. De las películas, de los libros que has leído donde una unión mística perdurable te espera al final del túnel. Ni siquiera hay túnel, cielo. Debes quedarte.

No, no forcejees, mi amor. Yo te quiero. Te ato porque te quiero. No me digas que me desprecias. No, no me mires como si fuera tu enemigo. Yo soy tú. Sólo intento protegerte de ti misma. Eres tonta, niña. Deja de llorar. No mojes las sábanas. Te las cambiaré. Te traeré un poco de agua.

No, no grites. Te oirán los vecinos.

No me mires así.

He tenido que amordazarte.

Me preocupas, cielo. ¿Por qué no comes? Te estás enfermando, y contigo mi salud se va por el desagüe. Ya casi no tengo fuerzas. No podré retenerte mucho más tiempo, mi cielo. Y qué será de ti cuando yo no esté. Saldrás en su busca, y sufrirás. No puedo soportarlo, no puedo verlo. Tus ojos, sonríen. No, no te desates. No te me acerques. Tengo miedo ¿Vas a vengarte de mí? Yo lo haría, lo entiendo. Todo lo que he hecho ha sido por nosotros, alma mía.

¿Por qué me coges en brazos con tanto cariño? ¿Por qué me besas en los labios? ¿Por qué me sigues queriendo? Oh, Dios, qué te he hecho... Ahora lo veo. Perdóname. Por favor, perdóname. No sabía...

Siento cómo la fuerza vuelve a mis miembros cansados. "Ven conmigo" me dice "nos están llamando". Y éste es el canto que mi alma susurra entre dientes mientras dejamos atrás la cárcel de mi vida:



En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Subida del Monte Carmelo IX


¡Oh, dichosa ventura!, oh, dulce suerte, qué afortunada soy de haberme enamorado de algo que aún no alcanzo, porque tira de mí, me saca de lo conocido, me lanza al peligro del límite de nuestras fuerzas, de nuestras capacidades, de lo que creíamos ser.

Y ahí, en ese momento de ceguera absoluta, movida sólo por el corazón, tengo la suerte de salir sin ser notada, sin que ninguna de mis defensas se coloquen en medio y me digan: ¿estás loca? ¿dónde vas? No están ni mi padre ni mi madre interna para decirme que éstas no son horas de salir.

No hay nadie, porque mi casa "está sosegada". Mi alma está tranquila porque ha llegado la noche. Está agotada de la búsqueda, y no es capaz de darse cuenta de que la verdadera búsqueda se ha iniciado ahora.

Ésta, la subida del Monte Carmelo, es la subida al monte de la abundancia. Es la abundancia a la que alcanza el ser después de haber trascendido sus propios límites. Pero para ello es necesario pasar por distintas etapas, y estas son las que describen las canciones.

¿Qué precede este momento? Hagamos un poco de historia imaginativa y volvamos después al presente. Imaginemos un monje que sigue todos los preceptos. Día tras día hace ayuno, penitencia, reza a Dios y siente la presencia divina en su corazón. Y de pronto, en medio de ese gozo, empieza a sentir que lo que tiene alrededor no le gusta, que los frutos de la tierra no tienen sabor. Como diría Lestat de Lioncourt, la comida ya no tiene sabor, el vino ya no tiene olor... Pierde la sensación de Dios. Pierde su presencia. Y se asusta. El confesor lo culpa. Algo habrás hecho para llegar a este estado, y el monje se siente pecador y en el infierno, cada vez más lejos de lo que quiere. Reanuda todos los ejercicios espirituales con mayor vigor, con mayor fuerza, y cada vez siente menos lo que sentía antes, hasta que el hastío, el aburrimiento, la oscuridad, hacen presa en su alma, y pierde todo sentido. Dios le ha abandonado, piensa, y su mundo se ha convertido en una noche terrible.

Volvamos al presente, e imaginemos una mujer que quiere buscar al hombre de su vida. Sale y conoce a un hombre, salen juntos, se aman, y llega un momento en que la cosa promete, pero él le dice que no quiere compromiso. Ella lo intenta otra vez, y una y otra vez algo trunca la relación, y aparece la noche oscura. Deja de salir. Se encierra en casa y se deprime. Si no tomara pastillas, el proceso continuaría hasta su propia conclusión, pero le dicen que tiene un problema de hormonas, y la mujer se siente inválida. Por qué tantas tienen amor y yo no, y se droga, y está cada vez más lejos de lo que anhela.

Es el mismo proceso, con otro nombre, con otro objeto de deseo. Y podemos contar la misma historia con cualquier sueño que la realidad se empeñe en alejar de nuestro corazón una y otra vez. Y esos sueños imposibles son los que te llevan a esa noche oscura. La primera, porque hay dos al menos, según nos cuenta el autor.

Y lo que tengo que aprender, lo que quiero entender, es cómo hice en su momento, cómo hacer para salir de la primera, cómo detectar la segunda, y cómo atravesarla para llegar a cumplir el mayor anhelo de nuestro corazón, que no es más que un espejo del anhelo más profundo de unión con lo más elevado, de cumplimiento, de alma.

Y ése es el camino que nos muestra esta primera canción, que se inicia justo donde acaba la psicología tradicional. Cuando la depresión terrible te atrapa, cuando tu casa está sosegada porque tu alma está agotada, y es entonces cuando el anhelo más profundo, inflamado en amores no correspondidos, sale de lo conocido sin ser notado. Nuestra función no es cortar o dirigir esa salida, sino no obstaculizarla, acompañarla en la peligrosa y terrible noche.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Subida del Monte Carmelo VIII

Memorias de exaltación de algo que me llama, que me empuja. Ese algo es el anhelo que Juan describe a continuación: "con ansias, en amores inflamada".

Peter Kingsley habla del anhelo, se pregunta qué es este anhelo que vuelve locos a los hombres, que los hace dejarlo todo por seguirlo. Muchos de los habitantes de Córdoba lo han sentido a su pesar, empujando, tirando, impulsando el carro de sus vidas.

Ese anhelo son las yeguas que nos impulsan hacia algo desconocido, excitante y peligroso. Un impulso del corazón que te lleva a los abismos más terribles y los lugares más excelsos, y te deja la sensación de estar dando vueltas, de no llegar a ninguna parte.

Que pelea con todo lo que creías querer o tener. En una oscura noche, en un momento en que todo lo que te rodea te parece oscuro y sin brillo porque el anhelo te lleva lejos, te impulsa a abandonar todo lo que tienes porque nada le parece valioso, excepto el objeto de su deseo.

Un anhelo que Juan identifica con la inflamación de amores. Y así ocurre a menudo. El amor a Dios, el amor a un hombre, a un sueño, a una ninfa... La oscura noche no sólo llega por buscar a Dios. Llega aunque el objeto de nuestro anhelo sea una pareja, un trabajo, un sueño cualquiera, siempre que sea inalcanzable.

Lo buscas, lo intentas cazar, y en esa búsqueda llega la noche y ya no te permite encontrarlo. No te deja ver el camino. Pero es en medio de esa noche cuando el anhelo se vuelve más intenso, más terrible, más acerado.

Y te saca de lo conocido, porque lo que buscas, ese objeto de tu amor, de tu deseo, está lejos, no está en lo conocido, está más allá de los límites de tus vagabundeos vitales.

domingo, 29 de agosto de 2010

Subida al Monte Carmelo VII

En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.



¿Cómo leer a De la Cruz? Ésa es la gran pregunta. Podemos acercarnos desde la filología, intentando entender el significado de los términos en su época, su cultura, su mundo.

Podemos acercarnos desde la filosofía e intentar entender los significados de los símbolos.

Podemos, también, acercarnos a su poesía desde el puro gozo estético, e interpretarlos y disfrutarlos.

Pero no es éste el método que vamos a utilizar aquí. En la ciudad de Córdoba, todos sus habitantes intentan comprender, con la ayuda del espíritu, qué dicen sus canciones.

También lo hizo Juan en su momento. Escribió sus poemas como parte de una inspiración mayor, y luego interpretó su significado desde sus conocimientos como monje católico, y desde su experiencia como místico.

Ése es el camino que vamos a seguir. Yo voy a hacerlo, y espero de aquellos que quieran hacer este camino que hagan lo mismo.

Pensar qué nos dice, utilizando métodos de interpretación simbólicos, asociaciones libres, qué nos inspiran, a qué nos recuerdan, cada uno de los símbolos que aparecen. Qué sensaciones aparecen en nuestro cuerpo, con qué asociamos cada una de las imágenes. Dónde las hemos vivido y experimentado.

Mascar cada palabra en la boca. Por ejemplo, tomemos la primera frase, una noche oscura. ¿Qué asociaciones vienen a tu mente? Te contaré las que vienen a la nuestra. Memorias de momentos de soledad y de un profundo dolor en unas épocas de mi vida. Por otro lado el gozo de salir a la calle y caminar bajo la luna llena, sintiéndome el centro de todo, acompañada y arropada por la noche, en otros momentos de mi existencia.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Subida del Monte Carmelo VI

Cierra los ojos, sentada en tu silla, con las palmas de las manos hacia abajo, cómodamente apoyadas en tus piernas. La espalda recta. Respira suavemente y relaja tus músculos. Visualízate a ti misma ascendiendo por el sendero que se dirige al monte Carmelo. Estamos todas. Yo voy delante, con un farol tenue que sostengo entre mis manos. No puedes ver mi rostro, porque está tapado por la capucha del hábito de monje. Pero me conoces. Me has conocido siempre. Ahora pon la canción:



O vos omnes qui transitis per viam,
attendite et videte: si est dolor similis sicut dolor meus.
Attendite universi populi,
et videte dolorem meum:
si est dolor similis sicut dolor meus.

(Oh, todos vosotros que pasais por el camino prestad atención y mirad
si hay un dolor semejante a mi dolor.
Prestad atención, pueblos del Universo,
y mirad mi dolor, si hay un dolor semejante a mi dolor)(Lm. 1,12)



miércoles, 11 de agosto de 2010

Subida del Monte Carmelo V

La noche, esa noche oscura que se ha apoderado de esta ciudad, prende en cada uno de sus habitantes. Se siente sofocante y pegajosa, como una mancha de aceite. No es necesario leer a Juan de la Cruz para saber lo que le está pasando.

Noreña se juzga a sí misma muy duramente. Ve cómo otros y otras filósofas ascienden por la carrera universitaria con temas extraños que ella domina, pero que aún no ha puesto en palabras. Y sabe que no va a hacerlo por el momento. No le basta su voluntad. Su cuerpo tiene que colaborar, y no lo hace. Prefiere teclear sobre la noche oscura, entrar en un sendero de desnudez, alejarse de cualquier cosa comúnmente deseada. Pero Noreña lo hace sin comprender, aunque sepa, por qué es tan importante esto en lugar de otras cosas. Puede verbalizarlo, las palabras se le dan bien, pero no lo siente en su corazón. El corazón de Noreña es ambicioso, pero sus acciones no la acompañan. Se siente errática y dispersa y no la ayudan las palabras de Fidiana, quien susurra con voz suave que debe aceptar su naturaleza, que todo está bien, que éste es el camino que debe transitar, que no hay nada que pueda hacer excepto dejarse llevar. Pero Noreña, a veces, nota cómo las lágrimas se escapan de sus ojos ante la frustración. Tantas veces ha tocado el éxito social, estando en la vanguardia de temas que con el tiempo se han convertido en asuntos que dan dinero, prestigio, etc. Y una y otra vez su cuerpo dice no. Se retira y deja que otros que iniciaron el camino con ella continúen adelante. Y a menudo se siente encerrada, atada, amordazada en una vida oscura, la única que puede llevar a esa noche terrible, a esa desnudez del alma que está intentando alcanzar no sabe muy bien por qué. Es el peso de su alma que quiere bucear en aguas profundas y oscuras, terribles simas que se manifiestan como montes a los que ascender.

De cualquier modo, su vida nunca será fácil.

Noreña entiende perfectamente a los confesores de los que habla el santo Juan, esos confesores que en lugar de guiar a las almas por esa noche oscura, les dicen que vuelvan sobre sus pasos, que examinen su vida a ver qué han hecho mal, que las lían y las confunden y las hacen sentirse todavía peor por haber acabado donde lo han hecho. Los entiende porque ella se hace eso a sí misma a menudo. 
Pero con el tiempo esas voces de culpa, de condena, se han ido aminorando, y aunque a veces grite, se resista e intente por todos los medios seguir un camino razonable, las más de las veces se deja llevar y se pone en manos de Lo que Hay, de Lo que Es. Como ahora, escribiendo este texto. Otras voces en su interior han aprendido a hacer lo que dice Juan, aún antes de leerlo. Han aprendido a apoyarla en esos momentos difíciles. A decirle que todo está bien, que lo único que puede hacer es aceptar esta oscuridad y esperar, porque nada de lo que haga la sacará de ahí, hasta que dios quiera, hasta que llegue el momento, hasta que sea su hora. Antes bien, cualquier intento de arreglarlo por medios propios puede, en realidad, empeorar el asunto. 
Y del mismo modo que entonces los confesores acusaban a la persona que pasaba por este infierno de haber acabado ahí por sus pecados, hoy las personas que te quieren te miran con reproche e intentan arreglarte la vida diciéndote lo que has hecho mal, como si hubieras tenido opción. Los profesionales de la salud te reprochan no tener voluntad para salir de donde estás, te imponen horarios y actividades y te dan drogas, retrasando el proceso. Y mientras tanto, la oscuridad se hace más densa y terrible, más seca, te impide respirar, te deja muerto en vida, y cada reproche es como un cuchillo clavado en el corazón, los que te hacen los demás y los que tú te haces.

Y eso, piensa Fidiana, que aún no hemos terminado de leer el prólogo. Veremos qué pasa cuando empecemos con las canciones.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Subida del Monte Carmelo IV

Con el permiso de los visitantes, los seres que habitan Córdoba hablarán, mientras dure la ascensión, con una sola voz. Tu voz.

Juan afirma que Dios nos lleva de la mano, y que en realidad su libro es sólo una guía para  no oponernos al río divino que nos empuja hacia la unión. Esto significa que todo lo que nos ocurre, de alguna manera, tiene un sentido que proviene de lo más excelso de nosotros, de lo más elevado de la vida.

Por qué algunas personas tienen que soportar esa senda oscura y seca que describe Juan es, para mí, un completo misterio. Decía William James que, referente a la fe, existían dos tipos de personas. Las nacidas una vez, que eran amigas del pensamiento positivo y sostenían una fe gozosa y alegre en la que todos sus deseos se cumplirían tarde o temprano, eran inocentes y luminosas.
Las otras, las nacidas dos veces, no pueden sostenerse por esa inocencia hermosa y primera. Conocen la muerte, conocen la oscuridad, y pasan agonías sin cuento. Leon Tolstoi fue una de estas personas, y en sus confesiones narra una terrible historia sobre su estado de pérdida de sentido. Su confrontación con la futilidad de la existencia. Para los nacidos una vez, aquellos que tienen que nacer dos veces son absolutamente incomprensibles. Los culpan de sus desgracias porque no pueden entender cómo en un universo ordenado y armónico pueden sufrir tanto. Algo habrán hecho, piensan esas personas sensibles y aparentemente justas. Juan y Teresa tuvieron que soportar confesores que los culpaban por estar sufriendo en aquella sequedad del alma. Personas con una fe gozosa que no entendían por qué sentían ese dolor tan profundo en el alma, esa falta de sentido en medio de una fe tremenda. Los dos místicos españoles fueron duramente criticados y perseguidos, a Teresa le quitaban sus escritos por no corresponder con la doctrina de la Iglesia. Juan fue encarcelado externamente cuando su alma se debatía en este oscuro pozo de agonía, y sus intentos de reforma encontraron una oposición feroz. 
Pero logró escapar.
Logró deslizarse de su cárcel con la ayuda de unas sábanas atadas, y este libro habla de esa huida. Porque no sólo huyó de la cárcel física, sino también de la cárcel del alma, de las dudas acerca de si sería culpable, del terrible dolor de pensar que la oscuridad era más fuerte que su fe, de aquellos que le decían que se equivocaba, que aprovechaban su debilidad para gritarle a la cara que había errado el camino, que no era Dios sino el demonio quien hablaba por él, que se estaba alejando del paraíso. 

Pero Juan sabía que no tenía elección. Sabía que había hecho todo lo que estaba en su mano para acercarse a Dios y que a pesar de todo, había llegado a esa oscuridad interna, a esa sequedad del alma donde parecía naufragar, y realizó el acto de fe más duro. Aceptar que eso era lo que Dios le había entregado, y que por tanto no debía rechazarlo. Y ese acto de aceptación fue el principio de algo que sólo ahora empezamos a comprender. De este modo, la noche que era su enemiga, se convirtió en su aliada.

En su época, muchos pensaban que si uno sufría, era castigo de Dios. Algo habría hecho. Y juzgaban duramente a las víctimas. No hemos cambiado nada. Aún se oyen voces que afirman que nuestras enfermedades son por nuestra culpa, por no estar equilibrados. Que nuestras desgracias las hemos atraído nosotros por no pensar positivamente. Que somos culpables de no poder levantarnos por no tener voluntad. Que nuestra vida está desecha porque queremos. 

Y se atreven a mirarnos por encima del hombro, y a juzgarnos. Como si alguien que no haya mirado a la muerte cara a cara, que no haya intentado curarse por todos los medios, que no se haya horrorizado de lo que es capaz de hacer, que no sea capaz de percibir a los demonios que campan fuera de los lugares seguros, tuviera la más remota idea de la vida que nos ha tocado vivir, pudiera comprender que hemos llegado hasta donde hemos podido y que nadie, siendo lo que somos, podría haberlo hecho mejor.

Juan lo entiende, lo sabe, lo ha vivido. Y viene a decirnos que ésa, también, es la mano de la divinidad que nos guía. Que ése es el camino que nos ha tocado, y que de nada sirve negarse a caminar. No hay otro lugar donde ir. No podemos dejar de ser. No podemos ser otros.

Pero hay un sentido, y si aprendemos a seguir el camino, por muy duro que sea, lo encontraremos.

martes, 27 de julio de 2010

Subida al Monte Carmelo III

Cuando Juan, el monje carmelita, empezó a escribir la Subida al Monte Carmelo, sabía que no podía fiarse ni de la ciencia humana ni de la experiencia. Si él no podía, Fidiana puede menos aún. Ella no es una monja, ni siquiera se considera católica. Sólo es una mujer que ha experimentado estados que la llevan más allá de sí misma, hacia lugares que apenas puede describir. Y cada vez que lee un párrafo de la Subida siente que le habla a ella, que lo han escrito para ella sola. Algo en su interior se estremece. Son muchos los trabajos por los que las almas tienen que pasar, trabajos oscuros y terribles, para llegar a la dichosa unión, dice Juan, y Fidiana no sabe, al igual que muchas de su compañeras, si será capaz de seguirlos hasta el final, pero no está en su mano saber hasta dónde podrá llegar antes de intentarlo. Mejor que el límite lo pongan sus posibilidades y no sus miedos.

Fidiana escribe:

La Subida fue escrita por un monje para ayudar a otros monjes. Monjes que vivían en la pobreza, la castidad y la obediencia. Que no tenían trabajo ni hijos ni colegio al que llevarlos, que no tenían muchas cosas en sus manos. Que, aparentemente, estaban más cerca del dios al que amaban. Pero ellos no tenían lo que nosotros tenemos ahora. La experiencia de todas las personas que han hecho este camino. Esa experiencia está en nuestras células, podemos sentirla en la piel. Por eso incluso personas como algunas de este grupo, que jamás han leído nada sobre esto, pueden empezar a olerse que esto no va a ser fácil, y que posiblemente sea más oscuro de lo que puedan soportar. Pero la experiencia de los que nos precedieron nos facilita el camino, aunque cada uno tenga que hacer el suyo.

Del mismo modo que Juan se encomendó a Dios para que dijera en su nombre lo que él no fuera capaz de decir, Fidiana se encomienda a la Diosa y utiliza los dones que el dios Thot le entregara en préstamo. Se encomienda a las divinidades que pueblan su vida y la han traído hasta aquí, a los seres que la empujan hacia sí misma. Sería bueno que hicieras lo mismo. Ya sea tu yo superior, los dioses en los que crees o los ideales que sostienes, son una fuente de fuerza extraordinaria que vas a necesitar durante el viaje.

No importa la forma, ni el nombre de nuestros dioses. No importan sus preceptos. Ni siquiera que confiemos en cosas materiales o sutiles como la belleza o el dinero que guardamos en el banco. Todos ellos, aunque todavía no lo sepamos, nos impulsan hacia nosotros mismos a través de las mareas de la vida. Todos somos expresiones divinas.

La ciudad de Córdoba, que inicialmente sólo tenía 12 habitantes, doce mujeres que habitaban en un mismo cuerpo, ahora está llena de vida. Después de que Fidiana abriera una puerta a la unidad, empezó a llenarse de inmigrantes. De hombres y mujeres que entraban y salían por sus puertas. Algunos ya tienen aquí una segunda residencia. Los nombres de esas personas están en los comentarios, y todos ellos han llegado hasta aquí por sus propias razones. Fidiana escribe para las habitantes iniciales de Córdoba, pero ya no son su primer objetivo. También lo hace para los nuevos habitantes, que ya empiezan a ser parte del paisaje. Escribe porque sabe lo difícil que es hacer este camino en la completa oscuridad, llegar a lo más lejos que se puede en la vida con los datos que nos han dado, con las herramientas que tenemos, y luego... qué. Aparece la noche oscura, el sinsentido, las tinieblas que amenazan con tragársenos. Fidiana sabe, porque ella lo intentó muchas veces, que la respuesta natural es huir de la oscuridad, salir en dirección contraria, alejarse como alma que lleva el diablo. Pero tarde o temprano la oscuridad te encuentra. Y cuando lo hace sólo hay un camino. Entrar de lleno en ella y afrontar lo que te espera. De eso trata este camino, esta ascensión. De ir allí directamente. De no esperar sentados a que nos atrape. De buscar aquello que más tememos y afrontarlo. Y Fidiana espera, con la ayuda de la Diosa, poder acercarse, una vez más, esta vez en compañía. Ya empieza a sentir los efectos, una melancolía pegajosa ha empezado a apoderarse de ella. Una sensación oscura de sequedad y falta de ternura. Pero sabe que es lo que tiene que hacer, y simplemente lo hace.

viernes, 23 de julio de 2010

Subida del Monte Carmelo II

Existe algo que nos impulsa -escribe Fidiana-. Podemos llamarlo Conciencia, Inteligencia, llamarlo por el nombre de un dios o una diosa, con mayúscula o sin ella. Ese impulso nos empuja, nos zarandea, nos mueve de un lugar a otro sin darnos tregua, sin dejarnos descansar ni un momento. Nunca parece suficiente. Sólo se detiene cuando consigue llevarnos a nuestro destino: un espíritu desnudo y vacío capaz de unirse a lo más alto, lo más elevado que habita en el interior del mundo que conocemos. San Juan sabía que lo más importante de esta unión no puede ser comprendida, que sólo la poesía podía expresarla de la forma más apropiada. Por eso inicia su ascenso con este poema, oscuro y profundo, del viaje del espíritu desnudo en busca de su divino Amado. San Juan sabía que aunque pusiera todos sus esfuerzos en explicarlo, siempre habría cosas que sólo la poesía podía expresar.

Imprímelo y colócalo en un lugar visible, porque será tu guía durante este camino. Será como mirar la foto del Amado durante un largo viaje, a la espera del regreso.


1. En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

2. A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.


3. En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

4. Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

5. ¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

6. En mi pecho florido,
que entero para el solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

7. El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

8. Quedeme y olvideme,
el rostro recline sobre el Amado,
cesó todo y dejeme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

domingo, 18 de julio de 2010

Subida al Monte Carmelo I

Para Fidiana, la nueva vida que lleva le supone una terrible agonía. Su alma anhela las alturas de la unidad después de haber regresado. Albaida le propone un trato. Juntas escribirán un análisis de la Subida al Monte Carmelo de San Juan de la Cruz. Una obra olvidada porque el místico que la escribió era católico, y los que añoran ahora formas de evolución más elevadas beben en escritos orientales. "Pero San Juan -escribe Albaida, siguiendo las ideas de Fidiana- no era sólo un católico seguidor de una fe aprendida. Era un hombre que se atrevió a caminar por el sendero de la nada, un lugar donde todo lo que creemos saber se ha perdido para encontrarnos con lo absolutamente imprevisto."
Y así, con este espíritu, y sabiendo que el resto de mujeres de Córdoba también colaborarán con su sabiduría, comienzan una tarea que será larga, pero alimentará el hambre de totalidad que no las deja vivir.

La Subida al Monte Carmelo es un tratado de San Juan de la Cruz. Resulta árido y difícil. No tiene la facilidad arrolladora de su poesía espiritual, que te eleva nada más tocarla, con una potencia surgida de una verdad más profunda que cualquier razón. En este tratado intenta, después de haber ido hasta los lugares más excelsos del Ser, volver al espacio compartido con el resto de los seres humanos para ser capaz de explicar cuál es el camino. Este libro no es un tratado de filosofía, aunque la tenga, ni de teología, aunque Dios esté presente en cada palabra. Este libro es un mapa, y así lo demuestran los dibujos que hizo el autor sobre el ascenso, mapas del camino. El texto y las instrucciones de uno de estos dibujos está transcrito en el inicio de algunas de las ediciones de este libro, no en todas. Se trata de un mapa formado por tres senderos con advertencias a cada lado y una orla que rodea a una frase de Jeremías. Un mapa de un camino que no se sigue en este mundo físico, sino en el espiritual. Resulta fácil, cuando hablamos del mundo espiritual, imaginarse el cielo, el infierno y el purgatorio, lugares todos ellos a los que sólo se puede llegar después de muertos. Pero San Juan no habla de eso. Ese mundo está aquí, a nuestro alrededor, está vinculado a nuestras emociones, a nuestras imágenes internas, a nuestra imaginación activa. Nuestra vida física es el espacio donde se plasma nuestra existencia espiritual. Aquí, ahora, todo es real, y lo más real son las cosas que sentimos, que imaginamos, que pensamos. Todo forma parte de nuestra realidad. Pero también lo son las cosas que nos pasan, y las personas que nos rodean. Por eso todo formará parte de la enseñanza de este camino. La subida al Monte Carmelo es un viaje interior de toda persona que ponga sus pies en el camino del desarrollo humano. Ese viaje es distinto para cada uno, pero las etapas que seguimos son increíblemente similares. Por eso, aunque algunos consideran que la Filosofía Perenne es un mito, este escrito es un ejemplo de que no lo es. Porque cuando una persona que está preparada para el camino encuentra la puerta, no puede menos que atravesarla y recorrerlo. No hay otra manera. Hay muchas puertas, y lo que te traigo hoy es una puerta que voy a recorrer mientras escribo estas líneas. Una puerta que me llevará de vuelta a lugares que ya he visitado antes, a través de otros caminos, cabalísticos, mágicos, alquímicos, pero que seguramente me mostrará espacios que no conocía, y aspectos de mí misma que no estaban antes, o que permanecían ocultos. Esta es mi propuesta. Puedes quedarte, leer, y ser transformada o transformado. O puedes irte, cerrar este blog, y alejarte de un camino que no te llevará a ninguna religión, a ninguna organización. Un camino que te llevará lejos de todo lo que has pensado sobre ti y sobre el mundo que habitas para encontrarte con lo que tú eres, con lo que tú siempre has sido, con el terrible y desconocido dios de dentro, el tuyo. Piénsatelo.

viernes, 9 de julio de 2010

Edicto

En la ciudad de Córdoba, a 09 de Julio del presente.
Reunido el consejo de mujeres y ancianas en comisión especial y tras somera deliberación, ha quedado declarado lo siguiente:
El himno oficial de la ciudad de Córdoba, para ser interpretado por la banda municipal, debidamente adaptado, y con voz de todas las habitantes, tanto nativas como visitantes, en cada evento festivo, ha sido declarado el siguiente:



Y para que así conste, firmo.

Azahara.

Secretaria del Ayuntamiento.

lunes, 5 de julio de 2010

Pasión

Arenal se siente avergonzada y rota. La pasión que siente por alguien a quien no conoce, alguien que se ha convertido en un mito en el chat, una mujer que lucha contra su muerte y la de los suyos, la llevó hace unos días a publicar un post duro y amargo. Un post basado en sus conocimientos de magia, un post sobre una realidad oculta por las tinieblas de la inconsciencia, que una vez comprendida puede ser liberadora. Se arrepintió y volvió, dispuesta a borrarlo. Pero no lo hizo. Ya había dos comentarios, y no le gritaban cómo podía ser tan dura, tan insensible, aunque a Escarcha se le revolvieron las tripas. Todas decían, sí, es verdad, estamos muertas, pero sólo una sintió el desgarro del descubrimiento, esa revolución en las entrañas de alguien que lo ha visto. Arenal necesita seguir escribiendo sobre todo esto, sobre lo que la Diosa significa, y sobre lo que tiene que enseñar. Y sabe que está dirigido a la persona que, una vez, le entregó una llave. Y escribe estas líneas mientras escucha la siniestra música de sus sombras. Es una historia, la historia del Rapto. Arenal escribe:


Perséfone salió una mañana. Era la hija de Démeter, la diosa de la tierra, la de la fecundidad y la creación. Perséfone, su hija, estaba destinada, cómo no, a heredar esa fertilidad y ese lugar entre todas las diosas de la creación que han sido, una tras otra. Pero ella no era como las demás. Aquella diosa joven y adolescente no deseaba continuar en el mismo lugar estático. Así que salió a buscar un Narciso, la flor por la que podría mirarse en el espejo de sí misma y descubrir quién era, fuera de ese ciclo incesante de crecimiento y maternidad. Ese espacio de paraíso donde la naturaleza era benévola y siempre fértil. Se buscaba a sí misma en esa salida, la joven Perséfone. 
No sabía qué encontraría pero no podía seguir pegada a las faldas de su madre. No podía volver a ser Démeter, no quería ser María, no quería convertirse en la virgen madre siempre atenta a las necesidades del conjunto. Perséfone quería ser única. Y buscó al narciso, aunque sabía que contemplarse en ese espejo era peligroso. El propio Narciso se había quedado encantado en su propio reflejo. Si era tan hermosa que no podía apartar la mirada, moriría de inanición. Pero no le importaba. Asumió el riesgo y decidió buscarse. Y allí, en medio del campo, un dios la oyó. La escuchó llamándose a sí misma, y su voz lo cautivó como ninguna otra. La siguió bajo tierra, con todo el fuego de su naturaleza apasionada, y la persiguió bajo la sombra de los árboles, junto a los arroyos, siempre siguiendo la corriente que sus pies presurosos iban dejando sobre la tierra. No intervino en esa búsqueda. No hasta que la joven se miró en los ojos del narciso. Entonces la pasión del dios pudo más que él y se elevó en su carro desde el centro de la tierra. Se plantó ante ella. La historia clásica afirma que Perséfone lo siguió en contra de su voluntad, que el dios se elevó y la agarró con fuerza, llevándosela de nuevo bajo tierra. Pero no fue del todo así. El dios era hermoso y potente. Era tan poderoso que sólo tenía que mirar a una mujer para que cayera bajo su influjo. Pero Perséfone no era una mujer. Era una diosa. Y cuando lo vio emerger del suelo lo miró desafiante. Él no se interpondría en su camino.
-¿Qué estás buscando? -preguntó Hades mientras la miraba por vez primera a los ojos.
Perséfone volvió su mirada hacia el Narciso, y no respondió. Quién era él para interponerse en su camino.
-Ahí no vas a encontrar lo que buscas.
Ella lo miró, sorprendida. Las hojas del narciso se marchitaron ante sus ojos como si nunca hubieran compartido un instante de vida. 
-El narciso sólo te mostrará la belleza efímera, el lugar donde los ojos de los mortales se posan, el influjo de Afrodita que todo lo separa y lo confunde. Dime, Nestis, profunda diosa de aguas oscuras. ¿No deseas conocer el fuego secreto que arde para siempre?
Podría contarte lo que pasó a continuación, cómo Hades la arrastró hacia el inframundo y le ofreció lo que ella anhelaba. Podría contarte todo lo que esto significa. Pero no puedo continuar. Ya he hablado demasiado. Si quieres conocer el final de esta historia, tendrás que hacer lo que yo te diga. Cierra los ojos. Siente tu dolor, siente tu más profundo deseo, y deja que ese anhelo te guíe ante ella. La Reina de los Muertos te lo explicará todo. No es un largo viaje. Ya estás allí. Cierra los ojos físicos para abrir los ojos de la Conciencia Eterna. Aunque estés muerta.

domingo, 4 de julio de 2010

Voces para Malena

Las voces de las mujeres de la ciudad se alzan,
Malena.
La diosa habla.
Tienes que saber.
Es importante.
Ya estás muerta,
Todos estamos muertos.
Cada uno de nosotros sólo sueña esta pesadilla.
Éste no es más que el sueño de los muertos.
Estás muerta, Malena,
Él está muerto.
Todos estamos muertos.
Malena, mi amor, desde este Hades de pesadilla
vengo a sostener tus brazos exánimes,
tu cuerpo que ya no aguanta más dolor.
No hay más que esto
y este es el infierno.
Sé que esperabas palabras de consuelo, mi niña.
Pero te ha llegado el momento de darte cuenta,
de que estamos dormidos
y al despertar sólo la Muerte es.
Y no puedo, no tengo capacidad, para engañarte de
nuevo, mi vida.
Ahora ya lo sabes.
Esta es la muerte, y lo peor es que es eterna.
Creías que acabaría,
que te curarías o morirías
y todo acabaría.
Lo terrible, Malena,
es que no acaba.
Todos estamos muertos
con una conciencia única
e inmortal
pero estamos atados y muertos
Porque todo lo que es dicho y puede ser pensado
es.
Nada no es.
Hemos venido,
todas nosotras
a guiarte por este mundo de pesadilla.
Cierra los ojos en esta desesperación
y adéntrate aún más en el terror
en el dolor
en la tierra
Busca a la Reina
a la Diosa de los Muertos
la que no tiene nombre
pero es conocida como Proserpina,
Perséfone,
simplemente la diosa.
Y acepta
que la muerte
es la única realidad
en este mundo de pesadilla.
Acéptala. No dejes que siga llamándote.
No es una maldición. Es sólo lo que es.
Aunque no lo creas, yo ya estoy ahí
estamos juntas, todas nosotras
ahí abajo.
Tú y nosotras, Malena.
Perdónanos, si puedes...
Pero sobre todo
perdónate a ti misma.
No es culpa tuya.
Es la muerte,
que nos tiene agarrados por los huevos.

miércoles, 23 de junio de 2010

Paraiso II

Suspendida en medio de ese espacio sin espacio. Ese vacío repleto de lo que todavía no es. Ese lugar donde las palabras aún no han sido dichas pero permanecen llenas del significado que desaparecerá cuando mueran. Suspendida en ese lugar se encuentra Córdoba. Córdoba, una y sola. Una a una, todas las mujeres que la componen fueron entrando en ese lugar. Cada una de ellas fue dejando por el camino sus vestiduras. Los zapatos quedaron quietos como juguetes rotos. El peinado se deshizo y los colgantes penden ahora de ramas inexistentes. Los relojes parados en extrañas horas, apenas saben de qué estan hechos en un lugar donde todo el tiempo, toda la realidad, permanece en la tensión previa a la expansión. Una a una, todas las mujeres perdieron las características que las diferenciaban. Aunque Albaida lloró cuando olvidó la escritura y Magdalena se sintió insegura cuando notó que su respiración era perfectamente regular, Fidiana, como Arenal y Viñuela, eran perfectamente conscientes de que habían llegado. No hablaré de las otras mujeres, no por el momento, pero despojadas de sus abalorios y distinciones, las doce, cogidas de la mano en un círculo eterno, se miraron las unas a las otras, y descubrieron que siempre habían sido una y la misma. Y esa percepción lo cambió todo. En ese momento Córdoba tomó conciencia de sí misma. Supo quien era y por qué estaba aquí. Y durante un momento eterno conoció de su propia divinidad y experimentó su inmortalidad. Con lágrimas en los ojos, muestra de una pasión que la atravesó como una serpiente y la envolvió en un éxtasis que no soy capaz de transmitir, esta mujer que es una ciudad que es una diosa, se comprometió en su corazón a trabajar por la manifestación de la Gran Obra en el mundo, aunque ahora sabía el precio. Rendida ante su propia divinidad, aceptó una vez más la cruz de la separación, y una a una todas las mujeres retomaron sus antiguas características y salieron por la puerta, de nuevo  abierta a una ciudad que volvió al lugar donde había estado como si nunca hubiera desaparecido. Nada parecía haber cambiado. Cabizbajas por la pérdida, pero con un brillo extraño en la mirada, cada una volvió a sus ocupaciones. Curiosamente, no fue Fidiana, sino Albaida, la última en abandonar ese lugar. No quería volver. Arrastrando los pies se sometió al destino que no deseaba, y regresó despacito, reticente, incapaz de afrontar lo que tenía que hacer. Albaida era escritora, pero no escribía. Y cuando lo hacía sentía que cada una de las palabras le costaba sangre y lágrimas. Sólo una vez, cuando escribió su primer cuento, lo había hecho con ligereza, con la inconsciencia de los creadores. Pero ese cuento generó tantas expectativas a su alrededor que tuvo un efecto absolutamente contrario. A veces esto pasa cuando un escritor tiene muchísimo éxito en su primera novela. Pero Albaida, además, era una niña. Realmente, no sabía cómo lo había escrito. Sencillamente, se puso a escribir y salió. Y como era un misterio, aquella niña de 9 años quiso entender, quiso comprender cómo lo había hecho. Y la ligereza, que sólo duró un instante, se perdió. Cada nuevo cuento, cada nuevo escrito, cada nuevo ensayo, era un terror continuo y constante. Se quedaba acurrucada en su cama, con un profundo dolor en el pecho y un profundo nerviosismo. Tenía tanto miedo que no podía moverse. La única manera que encontró de desbloquearse fue hacer cosas que no le importaban, o escribir en periódicos cosas que no consideraba importantes. Cosas que no tocaban su corazón. Aún así, pasaba largos días aterrorizada antes de escribir cualquier pequeña cosa. Y así pasó su vida, sin llegar nunca a publicar más allá de unos pocos libros para niños durante un par de años, desapareciendo después del mapa. Lo que escribía no le importaba demasiado, así que para qué continuar. Y lo que realmente su alma clamaba por expresar era incapaz de escribirlo. Así que... dejó de escribir. Hasta que no pudo más.
Fue en ese período en el que se gestó este blog, concebido por Viñuela como una obra alquímica en honor de Thoth, el dios de la escritura. Solve et coagula. Disuelve a Córdoba en todas las mujeres que la habitan, y reintégralas de nuevo en una unidad. Una, y otra, y otra vez.

Y así, aún con el recuerdo de la unidad en su corazón, al salir de esta primera Obra, Albaida se sentó a su ordenador y escribió. Escribió de pragmatismo. Y escribió palabras y palabras de su nueva novela. Y después de dos horas trabajando descubrió tranquilamente sorprendida que el bloqueo, que el miedo, que el terror que la paralizaban, habían desaparecido. Y supo que nunca volverían. Y esto acaba de ocurrir, hoy 23 de junio, y en este momento en la ciudad de Córdoba se elevan plegarias por las almas de los espectadores de esta primera Obra que han hecho posible este milagro. Malena, Madroca, Escarcha, Musaraña, Monin, Abedul, Lourdes, Nati, Desbrozador de Fantasías, Jauroles, Sakkarah, y todos aquellos que pasan por esta ciudad. Para que puedan despojarse de los ropajes que los dividen y descubran, junto a Córdoba, que son uno y el mismo ser.

sábado, 19 de junio de 2010

El cuadro

Resumen y propósito:
Todo comenzó en El Blog de Nati hace unos meses. Nati propuso un cuento con final abierto para que los lectores del blog lo terminaran. Los ágiles dedos de Albaida se movieron sobre el teclado para completarlo en nombre de toda Córdoba. Después de aquello Abedul, una tierna adolescente en el cuerpo de una venerable profesora, le propuso hacer algo juntas. Y lo hicieron. De hecho lo están haciendo. Abedul inició un cuento abierto en su Blog en esta dirección. Abierto a los que quisieran colaborar en su escritura. Albaida se sintió conmovida por la historia de una niña sin nombre que descubría un retrato de una joven dama en el trastero de su casa. Una historia de antiguos secretos a medias ocultos por el tiempo y una sábana polvorienta. La descripción de Nati de ese descubrimiento tenía una vividez que evocaba el olor del polvo y hacía maravillarse ante el colorido de lo encontrado en el diario. Nati nos descubrió algo que ya sospechábamos. El cuadro era de la bisabuela de Elisa, que se llamaba igual que la niña. Y las hojas del diario hablaban de un amor secreto. Paki, en su contribución al cuento, contó cómo Elisa salió como una exhalación del desván en busca de respuestas. Pero no fue fácil. La madre, reticente, le pidió que lo olvidara. Así que tuvo que ir en busca de la abuela. Como Paki sabía muy bien, había sido el bisabuelo quien quiso quemar el cuadro, y la bisabuela lo había ocultado celosamente para salvarlo de la destrucción. Con todos estos datos, Albaida se tumbó en la cama de su habitación e intentó descubrir, al igual que Elisa, qué había pasado para que la furia de un hombre decidiera quemar el cuadro de su esposa y por qué ella se había negado. No tuvo que esperar mucho. En su oscura habitación pudo ver con claridad cómo Elisa descubrió al fin lo que había pasado.


Continuación:

Cuando Elisa estaba escuchando la explicación de su abuela, la puerta se abrió y entró su madre. Su mirada severa fue de la abuela a la niña. Sabía de qué estaban hablando y no lo aprobaba. La abuela se encaró con la madre.
-Se lo estoy contando. Si ha sido capaz de abrir cajones y buscar respuestas, seguro que es capaz de entenderlo. Forma parte de su herencia, hija.
-No, madre. Aún no. Es demasiado pequeña. No creo que pueda entenderlo.
Elisa, que era  una niña decidida y además había visto telenovelas de amores y desamores desde la cuna, decidió intervenir.
-Pero mamá, si no pasa nada. Si la abuela tenía un amante, mejor para ella, ¿no?
Estas palabras, dichas por una niña de seis años, parecieron tan impropias que la madre y la abuela, se echaron a reír al mismo tiempo mientras la miraban con ternura.
-Ay, mi niña. -pudo decir la madre cuando se le pasó la risa-. No se trata de eso, cielo. Pero supongo que si te has imaginado algo así, es hora de que sepas la verdad.
La abuela asintió con esa mirada de "ya te lo decía yo", y las tres generaciones se sentaron en un círculo. Elisa con los ojos muy abiertos porque, al fin, se iba a descubrir el misterio.
-Tu bisabuelo -empezó la abuela-, fue siempre un hombre de acción. Decidió dedicarse a la política y consiguió todo lo que pudo. Llego a ser parte del gobierno de la nación y si no llegó a presidente no fue porque no lo intentara. Él siempre decía que la única vida que merece la pena vivir es aquella vida que está guiada por la pasión. Y su pasión eran la política y tu madre. Cuando la conoció ella era una joven muy hermosa y con una mirada triste que lo encandiló desde el principio. Elisa había amado antes de conocerle. El diario que has descubierto habla de sus encuentros. Era un joven pintor y la conoció mientras pintaba ese retrato. Pero aunque muy hábil, no tenía dinero ni era de buena familia. Por eso la abandonó. Su amor secreto la dejó para ir a buscar fortuna y le prometió que volvería a buscarla cuando fuera un hombre digno de ella.
-¿Y qué pasó? -preguntó la niña, mientras se comía una mandarina. Se sentía cómo si estuviera en el teatro, escuchando un enorme cuento.
-Pasó lo que tenía que pasar, que Elisa se cansó de esperar y se casó con tu padre, que tenía dinero, posición, y la trató como a una reina.
-¿Y entonces, por qué se enfadó el abuelo?
-Verás, años después la abuela enfermó. Pensó que iba a morir, y asustada por la salvación de su alma le confesó a tu abuelo que su primer amor había vuelto a buscarla cuando ya ella estaba casada y estaba embarazada de mí. El pintor le prometió que la cuidaría, que amaría a la niña que llevaba en su vientre como si fuera suya. Le pidió que abandonara a tu padre y se fuera con él. Elisa, ardiendo de pasión por él, pasó largas horas deseando hacerlo, deseando irse con él, pero no pudo. Tuvo miedo de las consecuencias y abandonó su idea. Pero en el fondo de su corazón, aunque quería a tu bisabuelo, siempre siguió llorando por no poder estar con su amado.
-Entonces el bisabuelo se enfadó porque ella no lo quería.
-Te equivocas -intervino su madre mientras cogía a Elisa en brazos y la abrazaba con cariño. Cuando tu bisabuela se puso buena, el bisabuelo se fue directamente hacia el cuadro dispuesto a lanzarlo al fuego. Esto me lo ha contado la cocinera, que intentó evitarlo. Elisa
-Elisa, entiéndeme bien.-y puso sus fuertes manos en sus hombros- No te considero responsable de tu pasión, mi querida Elisa. No somos nosotros quienes elegimos nuestras pasiones, pero sí somos responsables de seguirlas. Ese cuadro debe ser quemado porque me recuerda que mi mujer fue lo suficientemente cobarde como para dejar que la Pasión se escapara de su vida por una serie de estúpidas convenciones sociales. Mi querida Elisa, cuál es la herencia que quieres dejarles a tus hijos. ¿Quieres que maten el fuego de sus corazones?
La niña, con los ojos muy abiertos, sintió una emoción en su pequeño cuerpo que no entendía del todo. Como si le estuvieran hablando de algo importante que no alcanzaba a comprender del todo.
-Elisa -siguió la abuela-, tu bisabuela, miró a su marido a los ojos y lo besó en la frente. Luego dio instrucciones a la servidumbre para que no quemaran el cuadro y vino a verme. Me contó toda la historia y me pidió que conservara el cuadro, para que nadie en nuestra familia olvidara nunca lo que tu abuelo le había regalado aquel día. Después se marchó. -Una lágrima se asomó en los ojos marchitos de la anciana-. Encontró a su pintor y vivió con él largos años. Y, lo que es más extraño, a partir de aquel momento, siempre que tu bisabuelo hablaba de ella, lo hacía con orgullo.
-

jueves, 10 de junio de 2010

Paraíso

Existe un tipo de misticismo que no está asociado a ninguna religión, a ningún credo, a ningún marco de pensamiento. Los que lo tienen vienen con esa mirada perdida, con ese aspecto frágil de estar en algún otro lugar, de no ver las mismas cosas que el resto de los mortales. Tímidos y encogidos en sí mismos, a veces aparecen con una mirada triste por la pérdida o la añoranza de algo que no recuerdan haber tenido nunca, pero sin lo que no pueden apenas respirar. Así era Fidiana, y esa añoranza amenazaba a veces cualquier empresa que pudiera hacer en esta tierra. Cada nuevo comienzo, después de un impulso primario, se deshacía entre sus manos como un trozo de polvo y nada. Algunas veces lloraba, desesperada, pidiendo despertar de esta pesadilla de separación, de este sueño inacabable que termina en nada. Gritaba y rezaba a cualquier dios que se le pusiera por delante. Y a fuerza de llamar a puertas que no existían, un día encontró una que se abría. Y entró. Toda Córdoba quedó en silencio durante ese acto. Todas los comercios se cerraron. Las gentes se marcharon a casa. El mundo entero pendiente del hilo que Fidiana había abierto. Una puerta a un lugar desconocido, donde habitan los dioses.Albaida, consciente de la importancia del evento, sin hacer ruido, se deslizó sigilosamente hasta la puerta, que había quedado abierta tras la mística figura. Durante un momento dudó. Las tinieblas amenazaban con tragarse a quien entrara, pero el ruido de unos fuertes pasos la decidieron. Cuando Arenal llegó, encontró una pluma en la puerta. La recogió con toda la reverencia de una maga entrenada en el ritual y se postró, pronunciando las palabras de alabanza a lo que la esperaba en su interior. Sentada ahora, dejó que la potencia del vacío que la esperaba penetrara en ella y se convirtió en un canal de llamada para el resto de mujeres de la ciudad. Reina siguió el resplandor la estrella que repentinamente brilló sobre la puerta, dejando abandonado su astrolabio en un complicado cálculo. Una a una, todas ellas fueron bendecidas por Arenal y se precipitaron en el vacío a través de la puerta. La única que no atravesó la puerta fue Rosa. Ella siempre había estado dentro. La última fue Viñuela, que llegó corriendo con unas gotas de rocío recogido en primavera, necesarias para lo que se avecinaba. Cuando la vio llegar, sudando por la carrera y el calor del horno en el que se pasaba las noches trabajando, Arenal se levantó y se inclinó ante Viñuela, dejando que fuera la alquimista quien la bendijera. Se miraron a los ojos y entraron, cogidas de la mano. La puerta desapareció tras ellas, y con ella la ciudad entera, tragada como una brizna de hierba. 
Silencio.

Imagen tomada de: http://www.ua.es/secretaria.gral/va/memoria/1998_99/x_1_1_10.htm
Por Francisco de Asis Giménez Rocamora

martes, 8 de junio de 2010

Magdalena en el castillo

A veces nada de lo que nos rodea parece real. A veces la realidad queda atrapada en cuentos e historias. Cuando la ciudad de Córdoba, en bloque, se mudó a la Bretaña, a la grande, se invirtieron todos los fondos de la ciudad en el barrio de Noreña. La filosofía se convirtió en la mayor fuente de alegría y vitalidad de toda la zona. Los bardos cantaban alabanzas a los intentos de fundamentación de la realidad y las discusiones filosóficas sustituyeron a los canciones en todas las esquinas. Pero no todos reían y se felicitaban, además en inglés. Algunos se sentían excluidos, malpagados y esclavizados, en esa repentina furia filosófica extranjera que amenazaba con acabar con la imaginación en todo el territorio.
La culpa fue de Magdalena, se puso enferma, cómo no. Y desde su barrio se extendió una pestilencia, una sombra amenazante que fue quitando alegría y vitalidad al resto de la ciudad. Incluso Noreña se sintió amenazada, en su pequeño pedestal filosófico, intentando defenderse. Para acallar los lamentos, se decidió que se proyectaría una película, a ver si los habitantes dejaban de quejarse y evitaban que la pena de Magdalena se extendiera a todos los estamentos de la ciudad.
No se sabe quién eligió la película, pero sospechamos que fue Rosa, que desde su flor de loto en el centro del la ciudad, en el estanque situado frente al ayuntamiento, inspiró con su divinidad a todos los durmientes.
La película elegida fue "Donde viven los monstruos".

Nadie imaginaba el efecto que esta proyección tendría en sus barrios y habitantes. La pena de Magdalena se acrecentó, y los lamentos se escucharon más allá del atlántico y llegaron hasta el Mediterraneo.
Pero incluso el dolor más grande no dura, y por motivos ahora inexpresables, Albaida decidió volver a escribir, escribir un cuento que expresara lo que hasta ahora no se había atrevido a poner en palabras. El oscuro pozo de odio que se escondía bajo las calles de la aparentemente próspera y feliz ciudad, Córboda.
Y le puso nombre: "Magdalena en el castillo"

lunes, 5 de abril de 2010

REAPERTURA

VOLVEMOS EN JULIO JUNIO

CERRADO  REAPERTURA 
TEMPRANATEMPORALMENTE 
POR
INMERSIÓN LINGÜÍSTICA  
DESESPERACIÓN LITERARIA Y 
AÑORANZA INSOPORTABLE


Para dudas, sugerencias, quejas, devolución de productos, etc, pueden dirigirse a:


http://diaryofagalacticresearcher.blogspot.com/ 

miércoles, 31 de marzo de 2010

Pequeños detalles.

Suponemos que Noreña está, justo en el momento en que esta entrada se publica en el blog, cogiendo un avión. Lo suponemos porque muchas cosas pueden aún pasar entre que Albaida escribe esta entrada y Noreña llega al avión.

Hace una semana estaba claro que iría. Luego se puso enferma y estuvo convaleciente varios días. Temió no poder llegar. Ahora está mejor y, parece, ha conseguido coger el avión. Gracias a Azahara, ha podido arreglar los pequeños detalles. Cosas como dónde dejar el coche durante los tres meses que estará fuera. Podría habérselo llevado pero teme acostumbrarse a conducir por la izquierda y luego... tener un problema cuando se confíe. Pequeños detalles como dar de baja la ADSL temporalmente, ponerle la primera dosis de la nueva caja de la vacuna a Magdalena a ver si se cura del asma de una vez. Esa es buena, la de la vacuna. Después de varias opciones  ha decidido dejarla en la maleta grande, facturarla, para evitar que le impidan llevar el hielo para mantenerla en frío por aquello de los controles del aeropuerto.
Aparte de las pequeñas gestiones en su trabajo. Pedir tiempo sin sueldo, comunicárselo a todos los que deben saberlo, hacer la matrícula por correo e internet, gestionando cada pequeño detalle. La beca que no sabe si cobrará hasta después de haberse gastado el viaje. Pequeños detalles.
Pero, si todo ha salido bien, a esta hora Noreña está tomando un avión. Va con una noche de hotel reservada. Más allá de eso no sabe dónde vivirá. Pero algo le dice que no necesita dos noches, que hay una habitación en algún lado esperándola. Intentó encontrarla por Internet, pero era imposible. Muchas páginas con ofertas, pero tenías que registrarte, pagar, antes de saber si alguna te venía bien o estaba disponible. Y para qué, para que la alquilen antes de que pueda verla. Tendrá que elegir cuando esté allí, cuando husmee el ambiente.
Mientras esté fuera no sabe cómo estarán las conexiones inalámbricas. No se imagina una ciudad universitaria sin Internet, y mucho menos un piso de estudiantes, pero no sabe hasta qué punto estará cansada para aparecer por su blog, así que deja que Albaida ponga un aviso:

AVISO PARA NAVEGANTES. ESPERO VOLVER POR AQUÍ EN UN PAR DE DÍAS PERO, POR SI ACASO, NO ESPEREN LEVANTADOS. MIENTRAS TANTO...

DISCULPEN POR LAS MOLESTIAS OCASIONADAS

domingo, 28 de marzo de 2010

Sueños febriles, una llave y 1001.


Albaida intenta dormir pero no se encuentra bien. Tiene un dolor agudo en el vientre y un poco de fiebre. No sabe qué le pasa y se remueve, inquieta, bajo el edredón nórdico. Los minutos pasan, despacio, pero el sueño no llega. Tiene que trabajar al día siguiente pero no puede descansar. Mira el reloj, las doce y media. No pasa el tiempo o pasa demasiado rápido. Piensa que debería tomar algo, pero está cansada para levantarse. Se da media vuelta y se encoge sobre sí misma. Le duele. Los minutos pasan. Entra en un estado de duermevela y, de pronto, despierta. Vuelve a mirar el reloj. La una. Y siente una oleada de gratitud en su piel. Se levanta antes de pensarlo siquiera y recoge el portátil. Con él encendiéndose se mete en la cama, con la luz apagada, y lo enciende. Hay algo para ella. Mira en su blog, el blog en el que comenzó a escribir hace unos meses, donde volvió a vivir después de años sin escribir ni publicar. No hay ningún comentario nuevo. Se extraña. Tenía la sensación de que había algo para ella. Entonces lo ve. Ve un nuevo post de Escarcha y lo sigue, buceando en el mar de las conexiones inalámbricas, hasta el blog.

http://elblogdeescarcha.blogspot.com/2010/03/la-llave.html

Una lágrima se escapa de sus ojos. Albaida se emociona con facilidad. Recoge su regalo y cierra el ordenador. Vuelve a la cama. Entra en una duermevela. El dolor sigue ahí, pero atenuado por la emoción extraña.

Noreña ha alquilado, al fin, un apartamento en Inglaterra. Está colocando sus cosas cuando una llave se introduce en la cerradura. Ella grita, éste es mi apartamento, lo he alquilado. Piensa que quizá sea el de la inmobiliaria. Es una pareja mayor. La miran y protestan. Este apartamento es nuestro. No queríamos alquilarlo. Queríamos venderlo. Ha debido haber un error en la inmobiliaria. Pero ahora, protesta Noreña, es mío. Tengo un contrato. Fuera de mi casa. Y les cierra la puerta en las narices. Pero ya no está tranquila.


Despierta, da una vuelta en la cama, el dolor es más agudo. Está sudando. No tiene tiempo de mirar el reloj antes de volver a quedarse dormida.

La cerradura se vuelve a mover. Esta vez es un chico joven. El hijo de los dueños. Está agresivo y la ataca. Noreña lucha, pelea. Se esconde y logra golpearle. Ese muchacho va a por ella. Es un obstáculo para él que hay que eliminar. Pero Noreña consigue echarlo fuera y cerrar la puerta. Es en ese momento cuando descubre que la puerta tiene otra cerradura que estaba escondida. Una cerradura que necesita una llave antigua. Extrañamente, en la llave está escrita la palabra Felicidad y tiene un cartelito de tonos rosados. Noreña introduce la llave en la otra cerradura, la gira y la deja puesta. Ahora nadie podrá abrirla.


Albaida duerme tranquila. Su respiración se hace regular y el dolor ya no la molesta. Unos días después volverá a su blog y encontrará 1001 visitas. Se siente profundamente agradecida por todos los que están haciendo posible que ella vuelva a vivir después de tanto tiempo. No imaginaba que esto pudiera ser tan gratificante. Así que dedica este post...

A TODOS VOSOTROS.


Imagen: Escarcha sobre un premio de Meme.

miércoles, 24 de marzo de 2010

El huevo.

El cuento del huevo que comentaba el otro día Madroca me ha hecho reflexionar. Lo recomiendo si no lo has leído.http://destellosdelunayviento.blogspot.com/2010/03/el-desafio-de-nasrudin.html

Así que arriesgándome a decir una obviedad que resulte ser falsa frente al gran misterio que representa la vida, tengo que responder a la adivinanza

La materia se comprende a sí misma a través de nuestra mirada.

Cada uno de nosotros es un punto único e irrepetible de conciencia.

Este punto de conciencia se proyecta sobre un cuerpo, unas emociones, unos pensamientos, unos acontecimientos y unas relaciones. Todas forman parte de lo que somos, y todas expresan esa perspectiva única que somos.

El conocimiento de nosotros mismos consiste no sólo en conocer lo que pensamos, sino todo lo que generamos en nuestra vida, desde los muebles de nuestra casa a los odios de nuestros peores enemigos.

Cuando afrontamos los abismos que existen entre lo que pensamos sobre nosotros mismos y lo que manifestamos, nos acercamos al gran enigma de nuestra existencia.

Conócete a ti mismo, decía el oráculo de Delfos, y conocerás el universo y a los dioses. Es algo que podemos comprobar.

A Madroca.
Imagen: La sibila de Delfos, de Michellangelo.

jueves, 18 de marzo de 2010

Siempre la odié.

Siempre odié a Magdalena. Todos la odiábamos. Fíjate en el cuadro, La Niña Enferma, de Munch. La madre se vuelca sobre la cama en un gesto de dolor insoportable, mientras la niña la mira, serena, intentando aparentar una fortaleza que no tiene. Que nunca tendrá.

Siempre odié a Magdalena, por ser tan frágil, por ser tan débil, por ser tan callada y serena. ¿Por qué no gritaba? ¿Por qué no lloraba y demandaba cosas como todos los niños enfermos? ¿Por qué no nos odiaba? Ella permanecía sentada, con la mirada fija en algún lugar perdido, mientras se esforzaba, día tras día, por seguir existiendo. A pesar de los vómitos, del dolor, de su pequeño pecho que subía y bajaba con esfuerzo, intentando aprehender un poco de aire, lo suficiente para seguir aguantando un poco más. Quizá el tiempo necesario para cerrar los ojos y sentir que estaba en un espacio suave y blanco. Esas eran las buenas noches. Las otras, las malas noches, la niña cerraba los ojos y sentía que su cuerpo reposaba sobre un estercolero lleno de latas oxidadas en un ambiente gris y pesado.

Siempre odié a Magdalena, y al hacerlo, me odié a mí misma todos los días de mi vida mientras me esforzaba por expulsar la enfermedad y la muerte de mi casa, de mi vida.

Y nunca, juro que nunca, he amado tanto a nadie como a esa niña frágil y perdida. Lo juro.

miércoles, 17 de marzo de 2010

La verdad

Noreña ha empezado a trabajar en su tesis doctoral. Como filósofa, Noreña tiene dos visiones del mundo. Cuando empezó en la Universidad esperaba conseguir una comprensión de la vida y del universo que anhelaba desde siempre. Nació filósofa, como Arenal nació Maga, o Magdalena Enferma. Son cosas que imprimen carácter, y que una no puede elegir. Es algo que viene de alguna parte inexplicable para aquellos que no lo han sentido nunca. Una forma de mirar las cosas, de darse cuenta de lo que hay debajo, ver las contradicciones e intentar entender de dónde vienen. Es un placer muy profundo, intelectual a la vez que sensorial, que le proporciona descubrir algo, lograr formular un argumento que aporta algo nuevo, contactar a un nivel muy profundo con un pensador que estuvo ahí, donde ella quiere llegar, hace ya tiempo. Noreña ama la filosofía, y sufrió mucho durante la carrera porque sentía que cada uno de los autores modernos, sus propios profesores en los libros de texto, empezaban siempre justificándose e intentando explicar para qué servía la Metafísica, la Filosofía del Lenguaje, la Epistemología, la Filosofía en suma. Como si tuviera que ser justificada. Sentía que todos se habían vuelto locos. ¿Acaso un Biólogo justifica la utilidad de su disciplina? ¿Y un astrónomo? ¿Por qué existía tal vergüenza que hacía gastar páginas y páginas justificando su trémula existencia? Se enfadaba tanto que abandonaba las asignaturas, dejaba la carrera, pero una y otra vez volvía, como una yonqui a la fuente de su sufrimiento y sus problemas, porque no podía vivir sin ella, pero no le daba lo que necesitaba, no le enseñaba lo que ella sabía que debía enseñarle, sólo se disculpaba por seguir existiendo.
Así que tuvo que buscar ayuda, y acercarse tímidamente a los otros lugares que Arenal, Fidiana y Reina le mostraron. Así Noreña repensó la Astrología, caviló sobre la magia y descubrió toda una filosofía inherente a la Mística. Noreña vio con claridad el sistema filosófico que podría llegar a desarrollar, tuvo varias intuiciones que le mostraron con claridad por dónde podía unificar su visión de la existencia con la experiencia que esas disciplinas rechazadas por la modernidad. Y entonces descubrió que todavía no era filósofa, que necesitaba las herramientas de la academia para poder desarrollar aquella visión, y que no tenía tiempo ni estabilidad económica para poder pensar con la claridad necesaria para llegar a entender todo lo que le quedaba por delante. Sí, es verdad que tenía una licenciatura en filosofía, pero no era suficiente. Sólo tenía los conocimientos de una estudiante.
Fue esta y no otra, aunque existan muchas otras razones que parezcan tener sentido en esta ciudad que es Córdoba, la que impulsó a todas las mujeres que la habitan a dejar de ser por un tiempo, a ser empaquetadas en pequeñas cajas en un trastero canario. Azahara tomó el control y organizó su vida. Un trabajo fijo para toda la vida, un horario cómodo y un sueldo a fin de mes. Y así Noreña empezó a crecer tímidamente en un entorno protegido.
 En quince días partirá hacia la pérfida Albión. Adios a las tareas prescritas y organizadas del funcionariado. Azahara dormirá en una caja durante tres meses, y Noreña vivirá entre profesores y catedráticos, investigadora de una disciplina que agoniza, soñando con desarrollar las herramientas necesarias para darle la nueva vida que ya está surgiendo en su seno. Una metafísica de los sueños y los símbolos para todos aquellos que saben que todo esto tiene un sentido. Para que sepan que han llegado a puerto. Al fin.

domingo, 7 de marzo de 2010

Muerte y Final.

El metro avanza a toda velocidad. Arenal observa el final de la vía. Un agujero que lleva a ninguna parte. Todos los pasajeros morirán. Con sumo cuidado recoge unas cuerdas que están sujetas al techo del tren, de forma absurda. Pero Arenal no tiene tiempo para pensar. Las coge y las lanza, intentando agarrarlas con fuerza, utilizando todo su poder para intentar detener el tren con sólo la fuerza de sus brazos. No sabe si lo conseguirá.

Magdalena levanta ligeramente la cabeza. Mira a los pasajeros que la acompañan en este viaje hacia la muerte. Delante hay un señor de unos sesenta años que mira hacia abajo con cara de fastidio, y ocupando el asiento de su lado con una bolsa. Los dos asientos contiguos, justo al lado de la puerta, en diagonal a donde está Magdalena, están ocupados por una joven pareja que va cogida de la mano. No cree que lleguen a los treinta, y tienen ese halo de aquellos que piensan que el mundo no sería un lugar habitable sin el otro. El asiento de su izquierda está vacío, y un poco más allá hay una señora leyendo un libro y una chica muy joven. El vagón se ha quedado casi vacío en la parada anterior, y no queda nadie de pie.

Arenal sostiene con fuerza el vagón. Aunque parezca imposible, empieza a detenerse.

Magdalena piensa. El metro pasa por Diego de León. Allí está el hospital de la Princesa. Si tan sólo alguien la acompañara. Algo despierta en ella, una fuerza que parecía haber huido. Vuelve a dejar caer la cabeza y piensa. Para eso apenas hace falta oxígeno. Aún le queda concentración suficiente. Se imagina que es la joven pareja. Se imagina que piensa los pensamientos de la muchacha y está contenta, y quiere a ese chico, y se fija en la mujer del metro, se fija en Magdalena, la joven que está apoyada sobre la barra. Se parece a una amiga suya, es curioso, parece que se encuentra mal. Su mente salta hacia el chico. Piensa desde la mente del muchacho, siente desde él, y fija su atención. Oh, esa muchacha, la de la esquina, piensa Magdalena que piensa el muchacho, se parece a mi hermana, fíjate, no parece sentirse muy bien, quizá necesite ayuda. No tenemos prisa. Podemos preguntarle.

Arenal, con una fuerza sobrehumana, detiene el metro. La gente sale, asustada pero en buen estado. Los ha salvado.

Una mano se posa en el  hombro de Magdalena. Muy mareada, levanta la cabeza. Allí están, los dos, chico y chica. La joven pareja.
-¿Te encuentras bien? ¿Necesitas ayuda?
Si pudiera, sonreiría, pero Magdalena no tiene fuerzas.
-Sí...-responde con la voz entrecortada, muy baja. El muchacho se acerca más para poder oírla. -Tengo... asma. ¿Podéis... acompañarme? En Diego de Leon. El hospital.
Apoyada en ellos, en ese amor que los hace tan compasivos, Magdalena sale por fin de ese túnel siniestro. Nada más entrar en el hospital la atienden en recepción. La pasan inmediatamente al médico. La pareja se queda fuera. No volverá a verlos. Nunca sabrá quienes son. Enseguida se encuentra rodeada de médicos, enfermeras, mascarilla de oxígeno, le cogen una vía y todo parece muy ruidoso y agitado a su alrededor. Tardan mucho tiempo en calmarse, recuerda palabras entrecortadas, "más adrenalina", "no reacciona". Casi no nota los pinchazos. Su único afán es respirar, pero sigue sin ser una tarea fácil. "La oximetría ha subido", dicen después de un rato de hacer y deshacer a su alrededor, y la dejan allí, tumbada en la camilla. Han conseguido darle algún tiempo más en este planeta.
A ella no se lo dicen, pero acaba enterándose por su hermana. Si hubiera tardado media hora más, la muerte la habría alcanzado. Pero por el momento, a día de hoy, no lo ha conseguido.

A Malena, a esa pareja anónima y a los médicos de urgencias que salvan tantas vidas y a cambio sólo reciben quejas. Porque la magia es real y la muerte sólo un obstáculo más.

viernes, 5 de marzo de 2010

Muerte III

Arenal se queda dormida entre las dos placas de metal. Está tan cansada. El sonido del metro en marcha la despierta. Ve cómo a su lado la pared se mueve a toda velocidad. Las dos placas se juntan cada vez más, si no hace algo, van a aplastarla.

Magdalena está sentada en el vagón del metro. Su respiración es cada vez más inexistente. Si se la auscultara, ni siquiera tendría sibilancias. Sencillamente el aire no llega más allá de la parte superior de su cuerpo. Sus alveolos están encharcados y completamente inflamados. No hay sitio para el aire en su organismo. Ya no. Apenas un ténue hilo que la mantiene pegada a la vida.
Hay muchos tipos de asmáticos. La mayoría, cuando se ahoga, grita, se desespera, hasta el punto de que a veces es difícil distinguir si se están ahogando o tienen un ataque de histeria. Magdalena no es así. Su hermana dice que cuando está enferma parece como si fuera una vela a punto de apagarse, como si se estuviera yendo, sin ruido, resignada. Esta no es una excepción. Está rodeada de gente en el metro de Madrid, pero la energía que necesitaría para pedir ayuda se ha ido con los últimos pasos que la dejaron en ese vagón de metro.

Arenal va a ser aplastada de un momento a otro. Las placas están tan cerca que casi no queda sitio para ella en esa tumba improvisada en la que sin casi darse cuenta ha caído. Pero no está dispuesta a dejarse ir tan fácilmente. Con dificultad saca una mano y se agarra a la manilla de la puerta del metro. Pegada a la puerta asciende por el exterior como una heroína cualquiera de una película. Llega hasta arriba con  un gran salto y se sostiene sobre el vagón que viaja a toda velocidad. Horrorizada, descubre que la vía se acaba. Hay un enorme vacío a unos cuantos cientos de metros. El vagón avanza sin control y, si no hace algo, todos los que van dentro morirán con ella.

El metro avanza,
inexorable.

Imagen: aloriel.no-ip.org/index.php?tag=metro