Mientras la ciudadanía salía a la calle a protestar por la situación que vivimos, donde la economía se ha convertido en el nuevo dios al que hay que rendir tributo, y los bancos sus sacerdotes, los jefes de estado se reunían preocupados por el deficit de los bancos.
Mientras los franceses se manifestaban en el siglo XVIII porque tenían hambre, María Antonieta se preocupaba porque no tenía un heredero al que legar el poder.
Cuando en Cuba llegaron las gentes del campo, hambrientas y con armas, a la ciudad, las personas que vivían en La Habana no hicieron nada para impedir que entraran en los palacios y centros de poder los que venían del campo. No empuñaron las armas, pero tampoco defendieron a los poderosos. Sólo se manifestaban pacíficamente en la ciudad.
Vivimos en distintas esferas de realidad, los poderosos y los ciudadanos de a pie. Los que gobiernan y los que son gobernados. Cuando ambas esferas se separan tanto, la cosa empieza a oler mal. Además hay grandes poblaciones mundiales hambrientas. Es momento para preocuparse y mucho. Pero a mí me da igual. No pienso mover un dedo para defender a los que me gobiernan. Que se las arreglen.
sábado, 22 de octubre de 2011
miércoles, 12 de octubre de 2011
Cuidar el cuerpo
Siempre he pensado que la salud es importante. Así que no entiendo por qué las personas que empiezan a notar que algo no va bien siguen como si nada hasta que ese algo queda destrozado. A veces es un dolor pequeño pero continuo y persistente. En una zona mientras se hace un trabajo repetitivo. Un dolor que al principio es una pequeña molestia, pero a medida que pasan los días, los meses, los años, se convierte en una lesión que debe ser operada.
Otras veces es algo ilocalizado, debilidad, cansancio. Otras tos que se hace cada vez más fuerte, ahogo.
Puedo entender que uno tenga miedo al diagnóstico. Puedo entender que lo retrase unos días. Pero me resulta muy extraño el hecho de continuar con lo que sabemos que nos está dañando, sin hacer nada por remediarlo.
El tabaco parece el tema más visible. Pero siempre se disculpa porque es una adicción. Todos los productos químicos que le ponen hacen que sea muy difícil dejarlo. Pero puede que el tabaco no sea más que un síntoma de algo más profundo.
Sabemos que si engordamos las articulaciones, los huesos, las arterias, todo empeora. Pero es cierto que adelgazar es algo terrible. Comer menos es muy duro.
Pero, yo pregunto. ¿Por qué si te duele el cuello, y ese dolor se puede quitar dedicando cinco minutos al día a hacer unas movilizaciones, cuesta tanto hacerlo?
Todos los oficinistas padecen, en mayor o menor medida, del cuello. Cada mañana llego a la oficina desde que sufrí un esguince cervical, y dedico entre 5 y 10 minutos a realizar unas movilizaciones del cuello y los brazos que me permiten hacer mi trabajo y evitar que mi cuello se agarrote y empeore. Todos mis compañeros, sin excepción, me miran y sonríen. Algunos me dicen que ellos "deberían hacer lo mismo". "Ponte conmigo", es mi respuesta. Ni uno solo en estos meses se ha atrevido o lo ha considerado importante. Me dicen que tengo mucha fuerza de voluntad, pero, ¿se trata de eso?
Aceptar que tienes un dolor, y que necesitas hacer algo para solucionarlo, ¿es quizá una muestra de debilidad? Qué es lo que nos da más miedo, ¿dejar que los demás vean nuestra debilidad o aceptar que no somos inmortales y nuestro cuerpo necesita mantenimiento como un coche con algunos años encima?
Quizá el tabaco, el comer en exceso, el no hacer ejercicios suaves para mejorar nuestras dolencias, sean una manera de cerrar los ojos a un cuerpo que demanda cuidados, atenciones y mimos como una novia celosa y posesiva. Mientras lo mantengamos a raya, no haciéndole caso, quizá se canse de pedir y haga lo que queramos. Pero, ¿Y si no? Y si, por tanto maltratarlo, un día el cuerpo se cansa y nos deja, solos con nuestra ceguera y muertos de desidia.
Sé de qué hablo. Mi cuerpo es frágil como las alas de una mariposa. Si lo fuerzo un poco, pierde su brillo y se puede quebrar. Pero si lo cuido, a veces, tiene el suficiente espíritu como para elevarme por encima de los tejados y dejarme vislumbrar un trocito de eternidad. Mi cuerpo, mi precioso cuerpo. Alabado sea.
Otras veces es algo ilocalizado, debilidad, cansancio. Otras tos que se hace cada vez más fuerte, ahogo.
Puedo entender que uno tenga miedo al diagnóstico. Puedo entender que lo retrase unos días. Pero me resulta muy extraño el hecho de continuar con lo que sabemos que nos está dañando, sin hacer nada por remediarlo.
El tabaco parece el tema más visible. Pero siempre se disculpa porque es una adicción. Todos los productos químicos que le ponen hacen que sea muy difícil dejarlo. Pero puede que el tabaco no sea más que un síntoma de algo más profundo.
Sabemos que si engordamos las articulaciones, los huesos, las arterias, todo empeora. Pero es cierto que adelgazar es algo terrible. Comer menos es muy duro.
Pero, yo pregunto. ¿Por qué si te duele el cuello, y ese dolor se puede quitar dedicando cinco minutos al día a hacer unas movilizaciones, cuesta tanto hacerlo?
Todos los oficinistas padecen, en mayor o menor medida, del cuello. Cada mañana llego a la oficina desde que sufrí un esguince cervical, y dedico entre 5 y 10 minutos a realizar unas movilizaciones del cuello y los brazos que me permiten hacer mi trabajo y evitar que mi cuello se agarrote y empeore. Todos mis compañeros, sin excepción, me miran y sonríen. Algunos me dicen que ellos "deberían hacer lo mismo". "Ponte conmigo", es mi respuesta. Ni uno solo en estos meses se ha atrevido o lo ha considerado importante. Me dicen que tengo mucha fuerza de voluntad, pero, ¿se trata de eso?
Aceptar que tienes un dolor, y que necesitas hacer algo para solucionarlo, ¿es quizá una muestra de debilidad? Qué es lo que nos da más miedo, ¿dejar que los demás vean nuestra debilidad o aceptar que no somos inmortales y nuestro cuerpo necesita mantenimiento como un coche con algunos años encima?
Quizá el tabaco, el comer en exceso, el no hacer ejercicios suaves para mejorar nuestras dolencias, sean una manera de cerrar los ojos a un cuerpo que demanda cuidados, atenciones y mimos como una novia celosa y posesiva. Mientras lo mantengamos a raya, no haciéndole caso, quizá se canse de pedir y haga lo que queramos. Pero, ¿Y si no? Y si, por tanto maltratarlo, un día el cuerpo se cansa y nos deja, solos con nuestra ceguera y muertos de desidia.
Sé de qué hablo. Mi cuerpo es frágil como las alas de una mariposa. Si lo fuerzo un poco, pierde su brillo y se puede quebrar. Pero si lo cuido, a veces, tiene el suficiente espíritu como para elevarme por encima de los tejados y dejarme vislumbrar un trocito de eternidad. Mi cuerpo, mi precioso cuerpo. Alabado sea.
miércoles, 15 de junio de 2011
Hay que hacer algo
A veces me pregunto qué voy a decir en este lugar. Débil, enferma, con dolor en los pulmones y en el corazón. Por qué me empeño en aparecer más fuerte de lo que soy.
Tuve que hacerlo. Cuando eres débil y fuerte al mismo tiempo tienes que esconderte, ocultarte. Es como la Rosa del principito escondida dentro de su campanita protectora. Tengo espinas, decía la rosa, pero el Principito sabía que era profundamente frágil.
Dios, cuánto dolor hay en mi corazón. Por tanta oscuridad. Y al mismo tiempo hay tanta luz y alegría.
Hoy vi una hermosa luz, un sol que se acercaba a la tierra y atravesaba el duro caparazón que nos protegía. Traía luz, traía conciencia, pero me pregunté si seríamos capaz de vivir sin nuestra coraza.
Yo, lo estoy intentando, Todos los seres que me habitan, todas las mujeres que intentaban explicarme, se han ido cayendo por el camino. Sólo estoy yo, desnuda, a la orilla del mar. Débil, enferma, pero capaz, inteligente, trabajadora, potente.
Sensible y poderosa.
Poderosa desde la sensibilidad de las necesidades del conjunto.
Humana, profundamente humana.
Frágil.
Con ganas.
Atenta a lo que demanda el conjunto de mí.
Pendiente de lo que necesito.
Hoy se ha roto el caparazón que me protegía, que nos protegía. Ya no hay máscaras en las que esconderse. Creo que me levantaré, me miraré al espejo y observaré cómo las trazas de mis padres, de mis abuelos, de los ancestros que me precedieron se van volviendo flexibles, dándome la sabiduría para elegir mi camino en lo imprevisto. Voy a dejar que las lecciones aprendidas se desprendan de mi piel como un traje inservible para que nuevas formas de aprender y amar se establezcan.
Se están deshaciendo los nudos, ahora mismo, bajo nuestros pies, las estructuras que nos sostenían en cada movimiento. Habrá que pensar antes de volver a caminar, habrá que sentir en las entrañas cual es el camino correcto. No sirve estar indignado, cabreado, rígido, peleante. Eso es más de lo mismo. Convengamos en que todos estamos en el mismo juego. En el mismo camino, el de la consciencia de las estrellas que quiere hacerse consciente de sí misma. Es grande la gravedad de lo que seremos. Sin la coraza que nos protegía, nos arrastrará. Bien por ella. Bien por nosotras. Escucha.
Tuve que hacerlo. Cuando eres débil y fuerte al mismo tiempo tienes que esconderte, ocultarte. Es como la Rosa del principito escondida dentro de su campanita protectora. Tengo espinas, decía la rosa, pero el Principito sabía que era profundamente frágil.
Dios, cuánto dolor hay en mi corazón. Por tanta oscuridad. Y al mismo tiempo hay tanta luz y alegría.
Hoy vi una hermosa luz, un sol que se acercaba a la tierra y atravesaba el duro caparazón que nos protegía. Traía luz, traía conciencia, pero me pregunté si seríamos capaz de vivir sin nuestra coraza.
Yo, lo estoy intentando, Todos los seres que me habitan, todas las mujeres que intentaban explicarme, se han ido cayendo por el camino. Sólo estoy yo, desnuda, a la orilla del mar. Débil, enferma, pero capaz, inteligente, trabajadora, potente.
Sensible y poderosa.
Poderosa desde la sensibilidad de las necesidades del conjunto.
Humana, profundamente humana.
Frágil.
Con ganas.
Atenta a lo que demanda el conjunto de mí.
Pendiente de lo que necesito.
Hoy se ha roto el caparazón que me protegía, que nos protegía. Ya no hay máscaras en las que esconderse. Creo que me levantaré, me miraré al espejo y observaré cómo las trazas de mis padres, de mis abuelos, de los ancestros que me precedieron se van volviendo flexibles, dándome la sabiduría para elegir mi camino en lo imprevisto. Voy a dejar que las lecciones aprendidas se desprendan de mi piel como un traje inservible para que nuevas formas de aprender y amar se establezcan.
Se están deshaciendo los nudos, ahora mismo, bajo nuestros pies, las estructuras que nos sostenían en cada movimiento. Habrá que pensar antes de volver a caminar, habrá que sentir en las entrañas cual es el camino correcto. No sirve estar indignado, cabreado, rígido, peleante. Eso es más de lo mismo. Convengamos en que todos estamos en el mismo juego. En el mismo camino, el de la consciencia de las estrellas que quiere hacerse consciente de sí misma. Es grande la gravedad de lo que seremos. Sin la coraza que nos protegía, nos arrastrará. Bien por ella. Bien por nosotras. Escucha.
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